Informe

Riesgo Cardiovascular

29 septiembre 2017
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29 septiembre 2017

En España, como en la mayoría de los países occidentales, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte por enfermedad. No fumar, llevar una vida activa, comer sano y mantenerse en el peso adecuado son la mejor garantía para prevenirlas.

Factores de riesgo Cardiovascular

Los factores de riesgo de la insuficiencia cardiaca son condiciones que, aunque no son en sí mismos una enfermedad, sí que aumentan la probabilidad de que estas aparezcan o se desarrollen. 

En el caso de las enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio, angina de pecho…), y dejando de lado la edad, los factores de riesgo más importantes son el tabaquismo, la hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el sobrepeso y el sedentarismo. La existencia de antecedentes familiares, el estrés, las emociones negativas, el aislamiento social o un nivel socioeconómico bajo también influyen.

insuficiencia cardiaca

Hay que valorar el riesgo en conjunto

Contemplar de forma aislada un solo factor de riesgo puede tener consecuencias negativas, como la sobremedicación innecesaria. En una persona con una cifras levemente elevadas de tensión arterial, sin otros factores de riesgo asociados, lo más saludable puede ser hacer algunos cambios en el estilo de vida, y no precipitarse a tratar con fármacos. Y es solo un ejemplo. De ahí lo importante de considerar el riesgo cardiovascular de forma global.

Hay incluso programas, fórmulas y gráficos preparados para facilitar esa valoración. Nuestra calculadora de riesgo cardiovascular, ajustada a las características de la población española, puede ser de utilidad a la hora de aproximarse a dicho riesgo.

4 principios de salud cardiovascular

  • No fumes.
  • Evita el exceso de peso.
  • Muévete: usa las escaleras, haz parte de los recorridos a pie... Lo ideal es sacar 30 minutos, si es posible a diario, para hacer un ejercicio moderado pero vigoroso. Caminar a buen ritmo es, por ejemplo, un excelente ejercicio al alcance de caso todo el mundo.
  • Come de forma saludable, ajustando la ingesta a tu grado de actividad física, y reduce la cantidad de grasas, sobre todo saturadas. Que no falten en tu dieta frutas, verduras y legumbres, aceite de oliva, pescado azul y frutos secos. Y si en alguna ocasión has presentado la tensión arterial al límite, modera el consumo de sal.

Arteriosclerosis y enfermedades cardiovasculares

Buena parte de las dolencias cardiovasculares son en realidad consecuencia de un proceso progresivo de pérdida de elasticidad y estrechamiento de las arterias, la llamada arteriosclerosis, que se produce como consecuencia de la acumulación de grasa en las paredes arteriales (las llamadas "placas de ateroma"). 

  • Estas placas provocan una reducción del diámetro en la zona de arteria donde se sitúan, esto hace que la sangre circule con más dificultad.
  • Las placas también pueden sufrir un proceso de ulceración y dar lugar a que se formen trombos, es decir, coágulos de sangre. Esos trombos pueden obstruir por completo la zona de la arteria donde se forman, produciendo una trombosis. El trombo también puede desprenderse y entrar en la circulación sanguínea. Dependiendo de sus dimensiones podrían provocar la obstrucción de una arteria y una embolia en el organismo.

La arteriosclerosis como tal no produce manifestación alguna hasta que ocasiona la disminución o la interrupción del aporte de sangre a algún tejido. Es entonces cuando se producen, por ejemplo, la angina de pecho, el infarto de miocardio o el accidente vascular cerebral. Un dolor súbito intenso en las piernas, no justificado (que no haya sido causado por un golpe) puede ser también el resultado de una afectación arterial, que si no se trata adecuadamente puede conducir a la gangrena.

Unos hábitos más saludables, con la dieta alimentaria adecuada, son el tratamiento básico para prevenir y paliar la arteriosclerosis. En cada caso, y siempre en función de la existencia de otros factores asociados, puede ser necesario seguir un tratamiento farmacológico, con medicamentos especiales para reducir el colesterol y, a veces otros fármacos, antiagregantes, anticoagulantes, antihipertensivos, etc.

Enfermedades cardiovasculares

Angina de pecho

¿Qué es?

La angina de pecho se produce cuando hay un aporte insuficiente de sangre y, por tanto, oxígeno al músculo cardiaco debido a un estrechamiento o a una obstrucción de una arteria coronaria (por ejemplo, por las placas de ateroma).

Cuando el músculo del corazón no recibe el oxígeno que necesita para trabajar (lo que ocurre más fácilmente en el transcurso de un esfuerzo físico) sufre, y este sufrimiento se traduce en unos síntomas concretos. La víctima de una crisis de angina nota una sensación de angustia, de peso en el pecho, tras el esternón, que puede irradiar a los brazos, costado, cuello, maxilares, y a veces se combina con unos síntomas similares a los de una indigestión. El malestar puede desaparecer con el reposo. Si usted nota estos síntomas, busque rápidamente atención médica.

Las causas son variadas: puede ser producida por una aterosclerosis de las arterias coronarias (lo más habitual), por espasmo de las arterias coronarias, por una dolencia congénita…

La angina de pecho puede evolucionar, espontáneamente, en varios sentidos:

  • Puede mantenerse estable varios años y producir un malestar llevadero, que exige hacer algunas modificaciones en los hábitos de vida. 
  • Las crisis pueden hacerse más frecuentes e intensas, traduciendo la inestabilidad de una placa de ateroma. Esto puede llegar a tener consecuencias fatales.
  • O bien, esas crisis de angina se van haciendo cada vez más raras, hasta llegar a desaparecer. Esto sucede si en la zona se desarrolla una circulación paralela eficaz, es decir, las arterias colaterales consiguen suplir el trabajo de la arteria afectada.
¿Cómo se reconoce?

Se diagnostica a partir de los síntomas descritos por el paciente (peso, opresión y angustia en pecho, brazos, cuello…). En algunos casos la enfermedad cursa de forma silenciosa, esto sucede por ejemplo con los diabéticos, y sólo hay unos síntomas vagos, como falta de aire o fatiga, que pueden llevar a sospechar de la enfermedad.

No se debe confundir una crisis de angina de pecho con otros trastornos que también pueden provocar dolores parecidos: acidez, reflujo gastroesofágico, úlcera de estómago, infección pulmonar, dolores musculares, pericarditis (inflamación de la mucosa que rodea al corazón) o crisis de ansiedad.

¿Qué hacer?

El tratamiento de la angina de pecho dependerá de su gravedad.

Además de recomendar buenos hábitos que reduzcan los factores de riesgo, el cardiólogo podrán prescribir farmacos específicos contra la angina. Son los nitratos (que actúan dilatando las arterias coronarias y pueden administrarse por vía oral, como comprimidos que se colocan bajo la lengua, con parches en la piel o en inyecciones), los betabloqueantes, que al reducir la frecuencia cardiaca reducen también las necesidades de oxígeno del corazón, o los antagonistas del calcio, que inducen a la dilatación de las arterias coronarias y las venas periféricas, reduciendo así la tensión arterial y la frecuencia cardiaca.

El ácido acetil salicílico (por ejemplo, aspirina) suele usarse como tratamiento complementario, ya que reduce la posibilidad de que las plaquetas sanguíneas se agrupen formando trombos.

Cuando la medicación no basta, es necesario recurrir a un tratamiento quirúrgico. Hay varias alternativas, pero es muy frecuente la angioplastia, que consiste de dilatar mecánicamente los vasos coronarios. Otra alternativa es sustituir la arteria afectada por un injerto de un vaso localizado en otra zona del cuerpo, con la técnica denominada by-pass.

Otra técnica que se utiliza mucho en la actualidad es introducir un dispositivo, que se llama stent y es parecido a una espiral, dentro del vaso estrechado, para de esta forma mantenerlo "abierto".

Estas distintas técnicas tienen diferentes indicaciones: la elección de una u otra se hace de forma individualizada, según el paciente.

Infarto de miocardio

¿Qué es?

La palabra infarto significa "zona de necrosis", es decir, de muerte de los tejidos de un determinado órgano, debido a una importante disminución de la circulación. En el infarto de miocardio, esa necrosis afecta al propio músculo cardiaco o miocardio.

El infarto de miocardio se produce cuando se da una interrupción total y persistente de la circulación de una determinada zona de una arteria coronaria. Su gravedad es variable. Si afecta a un área pequeña o que no incluye ningún elemento importante del corazón, puede incluso pasar desapercibido. Si el área afectada es más extensa, las consecuencias serán graves, incluso mortales.

¿Cómo se reconoce?

El infarto de miocardio se manifiesta, la mayoría de las veces, con un dolor, peso u opresión en el pecho, una sensación semejante a la de la angina de pecho, pero más intensa y/o más duradera. La sensación puede extenderse al brazo izquierdo, y también al cuello, costado, estómago… y puede prolongarse durante varias horas.

¿Qué hacer?

Esta es una situación de urgencia, y el afectado debe ser trasladado lo más rápidamente posible a un centro hospitalario. La actuación inmediata salva muchas vidas.

Los medicamentos que se usan en la fase aguda son analgésicos especiales, combinados con nitratos y betabloqueantes y también con fármacos que actúan sobre la coagulación, como los fármacos fibrinolíticos, capaces de disolver los trombos intracoronarios y que son muchos más eficaces si se aplican en las primeras horas siguientes al infarto.

En algunos casos hay que recurrir a una angioplastia urgente. En la fase aguda del infarto, la cirugía cardiaca queda reservada los enfermos que presenten complicaciones mecánicas (la rotura de un músculo papilar o de una pared ventricular, por ejemplo).

Después del infarto, es muy recomendable que el paciente siga un programa de rehabilitación cardiaca, cuyo objetivo es conseguir que se reincorpore cuanto antes a una vida nor.

Accidente vascular cerebral

¿Qué es?

O mejor dicho, qué son, pues hay un conjunto de lesiones en las arterias cerebrales que pueden producir un accidente vascular cerebral (o "ictus"), que puede ser:

  • Una embolia cerebral, una obstrucción brusca de un vaso cerebral por un trombo originado en otro punto de la circulación sanguínea.
  • Una trombosis cerebral, que es una obstrucción brusca de una arteria cerebral por un trombo que se producido en esa misma arteria.
  • Una hemorragia cerebral, que se debe normalmente a la ruptura de un vaso cerebral dañado.

¿Cómo se reconocen?

Los síntomas dependen de la zona de cerebro afectada. Pueden consistir en alteraciones de la fuerza o de la sensibilidad, dificultad para hablar, dificultad para tragar, inestabilidad al caminar. Suelen ocurrir bruscamente. En ocasiones duran solo unos minutos (accidente isquémico transitorio) lo que puede constituir un aviso de que algo más grave puede ocurrir.

¿Qué hacer?

Ante la sospecha de un accidente vascular cerebral, conviene acudir a urgencias cuanto antes. En algunas ocasiones es posible el uso de fármacos fibrinolíticos que contribuyen a disolver un posible trombo. En cualquier caso, la intervención precoz, controlando la oxigenación, la temperatura y los niveles de glucemia (azúcar en sangre) ayuda a minimizar las posibles secuelas.

La rehabilitación será tanto más fácil cuanto menor sea la cantidad de secuelas y menos graves sean. También entra en juego el estado del enfermo antes de sufrir el accidente.

Pruebas diagnósticas hipertension arterial

Para completar la valoración de una persona de la que se sospecha sufre una dolencia cardiovascular, el médico puede solicitar que se realicen algunas pruebas diagnósticas complementarias.

enfermedades cardiovasculares

  • Electrocardiograma. Esta prueba consiste en realizar un registro de la actividad eléctrica del corazón en reposo, para así detectar alteraciones a nivel del ritmo cardiaco (arritmias) o posibles daños en el músculo cardiaco. 
  • Prueba de esfuerzo. Pretende evaluar el comportamiento del corazón cuando el paciente hace ejercicio, sobre una cinta andadora o en bicicleta estática. Monitorizar el corazón mientras se realiza un esfuerzo permite comprobar si el corazón consigue aumentar el oxígeno necesario para el esfuerzo que se le exige. Esta prueba permite detectar dolencias coronarias, así como establecer la tolerancia del paciente al esfuerzo (por ejemplo, después de un infarto o una operación quirúrgica).
  • Ecocardiograma. A través de una ecografía cardiaca se puede evaluar el funcionamiento y las dimensiones de las válvulas, las paredes y las cavidades del músculo cardiaco, lo que permite detectar posibles anomalías.
  • Gammagrafía cardiaca. Es una técnica de medicina nuclear que se hace en reposo o mientras se realiza en esfuerzo, y con ayuda de un contraste radiactivo permite ver si todas las áreas del músculo pueden recibir sangre en una cantidad suficiente. Las áreas con deficiente absorción reflejan una vascularización deficiente. Se suele recurrir a esta prueba cuando no es posible hacer una prueba de esfuerzo o si esta no da unos resultados concluyentes.
  • Coronariografía. Se hace una serie de radiografías, previa inyección directa de un contraste en una arteria a través de un catéter. Permite localizar estrechamientos, oclusiones u otros problemas similares en la arteria.
  • Holter. En esta prueba se hace el registro de la actividad eléctrica del corazón durante 24 horas. En ese periodo, el paciente debe realizar su actividad habitual, para verificar si se produce alguna alteración que en un electrocardiograma aislado no es visible (episodios aislados pero recurrentes de una arritmia, por ejemplo).
  • MAPA (medición ambulatoria de la presión arterial). Es una prueba que registra la tensión arterial de un paciente durante 24 horas, mientras éste realiza la actividad normal a lo largo del día.