Informe

Tabaco y salud

21 enero 2021
ciharros

Cada año, millones de personas mueren en el mundo a causa del tabaco. Bajo la frialdad de esa cifra se esconde el sufrimiento de los enfermos fallecidos y de sus familias, por no hablar de un enorme perjuicio económico.

Tabaquismo, una enfermedad crónica

El tabaco es una planta originaria de América que ya utilizaba la población de ese continente antes de la llegada de los españoles. Poco a poco se difundió por por el resto del mundo, pese a lo cual no fue hasta comienzos del siglo XX cuando la producción industrial de cigarrillos lo convirtió en un problema de salud pública, debido a la masificación de su consumo y a las sustancias nocivas que se le fueron añadiendo.

Al analizar el humo del tabaco, de hecho, se han llegado a detectar hasta 4.500 sustancias potencialmente dañinas, desde el monóxido de carbono, los oxidantes y el alquitrán, causantes de enfermedades cardiorrespiratorias y tumorales, hasta amoniaco o arsénico. Otra de las sustancias que contiene es la nicotina, principal responsable de su efecto adictivo.

Afortunadamente hoy día contamos con un buen arsenal terapéutico para tratar el tabaquismo. Las guías actuales recomiendan la intervención combinada (médico-farmacológica y psicológica) como la más efectiva. De hecho, según la OMS, solo el 4% de las personas que intentan dejar de fumar sin apoyo profesional lo consiguen.

En cualquier caso, el éxito no reside solo en conseguir la cesación tabáquica, sino en mantenerla y prevenir las recaídas.

Fumar multiplica el riesgo de cáncer

En España, el consumo de tabaco causa más de 60.000 muertes prematuras al año. Sus efectos negativos sobre el organismo son, en cualquier caso, múltiples: disminuye la capacidad respiratoria, incrementa significativamente el riesgo de padecer numerosos cánceres y enfermedades cardiorrespiratorias y vasculares y genera otros problemas de salud, como los bucodentales.

Pero eso no es todo. También provoca mal aliento, amarilleo de la piel, de los dientes, de la ropa y las paredes de casa. Su olor impregna las cortinas, el mobiliario, el interior de los coches... También hace que nos perdamos buenos momentos familiares o como amigos por tener que escabullirnos a fumar, además de obligarnos a hacer pausas en el trabajo que luego hay que recuperar.

pulmon dañado

El tabaquismo es una adicción

La nicotina, además, es una sustancia con gran capacidad adictiva. Cada vez que el fumador da una calada a su cigarrillo, la nicotina que inhala pasa directamente a su sangre a través de los alveolos pulmonares, alcanza el sistema nervioso central y estimula el sistema dopaminérgico mesolímbico, la parte del cerebro responsable de regular nuestras sensaciones de placer. Al estimular ese centro, se produce una sensación placentera que despierta el deseo de consumirla otra vez.

La repetición de este patrón provoca la necesidad de consumir en los fumadores, lo que se llama dependencia física del tabaco. Esta dependencia acaba siendo también de corte psicoemocional y social al asociar el consumo, y por tanto, esa sensación de placer (o de evitación o eliminación del displacer), a distintas situaciones y contextos. Por ejemplo, al tomar café, después de las comidas, de cañas, ante un problema, cuando se siente estrés o ansiedad, etc.

Es decir, se produce un condicionamiento, un aprendizaje que vincula sentir ansiedad, por ejemplo, con la necesidad de fumar (porque el tabaco lo eliminará). Por eso es tan importante recibir apoyo médico y psicológico reaprender a vivir sin tabaco.

Con apoyo terapéutico, más posibilidades de éxito

El apoyo médico-farmacológico y psicoterapéutico aumenta considerablemente las posibilidades de éxito. Entre el 50% y 60% de las personas que inician la deshabituación tabáquica siguiendo este método combinado se mantienen sin fumar un año después, cifras más altas que cuando se realiza un tratamiento único (médico o psicológico) por separado.

Sin embargo, el éxito no depende solo del tratamiento elegido, sino también de que se realice correctamente y bajo supervisión. En este sentido, es fundamental acudir a un profesional sanitario que diagnostique el tipo de tabaquismo y el grado de dependencia que padece el fumador para poder adecuar el tratamiento a sus circunstancias concretas.

A pesar de todo lo expuesto, el bombardeo de tratamientos novedosos para dejar de fumar es constante, presentados a menudo como un proceso fácil y cómodo. Ojalá fuera tan sencillo, pero a día de hoy métodos como la acupuntura, la laserpuntura, la electroauriculopuntura, la hipnoterapia, la fitoterapia y otros similares no han podido demostrar de forma científica su eficacia más allá del efecto placebo.

sin tabaco

Tratamiento psicológico para dejar de fumar

Por el contrario, la psicoterapia cognitivo conductual sí que ha demostrado eficacia a la hora de intervenir sobre tabaquismo, combinada con el farmacológico y en formato predominantemente grupal. El objetivo del tratamiento es potenciar la motivación para dejar el tabaco y mantenerse en el largo plazo, trabajando sobre los motivos, objetivos y miedos que pueda tener de cara aabandonar su hábito.

Además, el trabajo sobre la gestión de emociones, de estrés y de ansiedad, especialmente la anticipatoria, la adquisición de habilidades de solución de problemas, de relajación o fomentar hábitos de vida saludables al margen del tabaco son otros pilares de la intervención. A nivel cognitivo, es fundamental trabajar los sesgos cognitivos e ideas distorsionadas en relación al tabaquismo (por ejemplo, “no es tan malo”, “qué más da, si no lo voy a conseguir”, etc.), tanto como las disonancias o justificaciones.

El tratamiento nunca termina sin antes abordar la prevención de recaídas y el mantenimiento de la abstinencia, enfrentando a los participantes a sus situaciones temidas, o anticipando momentos que creen que pueden incitarles a fumar, o problemas que pueden suponer una recaída. Por ejemplo, se trabaja sobre la gestión de situaciones de riesgo, como son las vacaciones, los momentos de ocio, de cañas, sobremesa, etc., que tanto podrían asociar al tabaco y que ahora las vivirán sin él. Otras situaciones pueden ser problemas familiares, conflictos de pareja, etc.

Todo ello se trabaja en grupo, mediante psicoeducación, adquiriendo conocimientos sobre los procesos y fenómenos psicoemocionales implícitos en su comportamiento y su adicción, practicando nuevas habilidades de gestión que sustituyan al tabaco y realizando dinámicas y discusiones en las sesiones.

Tratamientos farmacológicos para dejar de fumar

Sustitutivos de nicotina

Aunque cada situación debe evaluarse de forma particular, en función de sus circunstancias y grado de adicción, el tratamiento de restitución nicotínica resulta ser, en la mayoría de los casos, el tratamiento farmacológico de elección. Consiste en dar nicotina externa al fumador para sustituir la que inhalaba del tabaco con el fin de aliviar el síndrome de abstinencia y permitir una reducción progresiva de la dosis de nicotina hasta llegar a cero. La dosis inicial será similar a la que se consumía antes de iniciar el tratamiento.

Aunque existen distintos formatos (parches, chicles, comprimidos para chupar), son los parches los que más recomiendan. Por un lado, liberan niveles de nicotina estables. por otro, no se pueden utilizar como sustitutivos del cigarrillo como puede ocurrir con los chicles o caramelos (en momentos de estrés, por ejemplo).

Se trata de parches que se adhieren a la piel (como una especie de tirita). Unos se mantienen durante toda la jornada, retirándose por la noche (unas 16 horas). Otros se mantienen las 24 horas. Se pueden poner en cualquier parte del tronco, brazo o cadera, siempre sobre piel sana, limpia y seca, preferentemente sin vello. Conviene, de todas formas, ir alternando las zonas de aplicación del parche.

No se deben superar los seis meses de tratamiento y el paciente debe dejar de fumar completamente mientras esté siguiendo este tratamiento, ya que si la dosis de nicotina es muy elevada se pueden experimentar reacciones adversas. Por la misma razón, tampoco se debe combinar el uso de parches con chicles, comprimidos u otros tratamientos. Entre los efectos adversos más habituales se encuentran el dolor de cabeza, el insomnio y los problemas gastrointestinales. Los parches, además, pueden provocar reacciones cutáneas, como eritema o picor.

Otros medicamentos para la deshabituación del tabaco

Se utilizan bajo prescripción médica, por lo que necesitan receta. El más importante es la vareniclina. Otros, como en bupropión, se utilizan ya de forma muy marginal.

La vareniclina es una sustancia que por un lado disminuye las ganas irrefrenables de fumar mientras que por otro reduce los efectos de dependencia y gratificantes que origina la inhalación de nicotina. En España está comercializada bajo el nombre de Champix. 

Se introduce de forma progresiva a lo largo una semana, hasta alcanzar una dosis de mantenimiento de 1 mg. cada 12 horas. Entre sus efectos adversos se encuentran las naáuseas, la sequedad de boca y la alteración del sueno (insomnio y sueños anormales). Puede afectar a la capacidad de conducción.

Debe suspenderse de inmediato si la persona experimenta ideas relacionadas con el suicidio. De hecho, debe usarse con precaución en pacientes con enfermedades psiquiátricas subyacentes.

Asistencia sanitaria contra el tabaco, insuficiente

Más de la mitad de los fumadores españoles ha intentado dejar de fumar en alguna ocasión y ha fracasado por padecer los síntomas del síndrome de abstinencia a la nicotina. La mayoría de ellos lo intentó por su cuenta, sin recibir ayuda de un profesional sanitario.

Además de la labor imprescindible de los sanitarios que están en contacto directo con los pacientes, es necesario aumentar la implantación de Unidades Especializadas de Tabaquismo (UET). Estos centros cuentan con profesionales sanitarios especializados en tabaquismo.  En la actualidad contamos con 36 UET, una cifra claramente insuficiente.

Por todo ello, desde OCU pedimos a las autoridades sanitarias españolas que sigan promoviendo y adoptando medidas claras y contundentes en la lucha contra el tabaquismo, un problema que sigue ocasionando miles de muertes al año en España e insistimos en la necesidad del empaquetado neutro del tabaco. Además, solicitamos el impulso de las inspecciones para acabar con los incumplimientos detectados de la Ley Antitabaco en terrazas, hospitales e institutos. También el aumento de la formación sanitaria y las Unidades Especializadas en Tabaquismo.

Desde OCU velamos por los intereses de los consumidores y usuarios informándoles y ayudándoles a cuidar de su salud y la de su familia: análisis comparativos, estudios, consejos sobre hábitos saludables, alertas de seguridad o acceso a ventajas como la Línea OCU Salud, un servicio médico telefónico las 24 horas al día, exclusivo para OCU Salud. En OCU cuidamos de ti y de los tuyos.

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