Informe

Alertas alimentarias: información para no asustarse

La seguridad alimentaria no es un tema que deba asustarnos, pero nunca está de más estar informado sobre si se ha detectado alguna anomalía en algún alimento o este viene mal etiquetado. Y para eso están las alertas alimentarias.  

24 junio 2019
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En OCU pensamos que es importante que los usuarios estén bien informados de todos aquellos temas que atañen a su salud y alimentación. Es por esto por lo que una de las cosas a las que nos dedicamos en nuestra web es a difundir alertas alimentarias, especialmente relativas a alérgenos. No buscamos asustar, simplemente queremos advertir que se vaya con cuidado a la hora de consumir ciertos alimentos, especialmente si se es alérgico.

¿Cuál es el origen de las alertas alimentarias?

La Unión Europea cuenta con un sistema rápido y coordinado de alertas alimentarias conocido como Rapid Alert System for Food and Feed (RASFF).

Su funcionamiento es sencillo: una vez se detecta que el consumo de un alimento puede entrañar cierto riesgo para la salud humana por el motivo que sea (alérgenos no declarados, microorganismos patógenos, residuos de pesticidas…), se informa del caso a la autoridad sanitaria que se encarga de velar por la seguridad alimentaria en cada país y de las medidas que debe tomar para que este riesgo no acabe derivando en un problema más grave.

Algunas de las medidas más recurrentes pasan por, obviamente, avisar a la gente mediante la notificación pública de la alerta alimentaria, aumentar la vigilancia en las fronteras si se trata de un producto importado, la retirada del alimento de los lineales en el caso de que ya haya llegado a las tiendas o, incluso, detener su fabricación si se considera necesario.

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A final de cada año, la Comisión Europea recopila todas las alertas alimentarias que se han notificado durante los últimos 12 meses y las publica en un informe clasificándolas según el tipo de peligro asociado (microbiológico, químico, físico…).

¿Y cómo se actúa en España?

Si bien en algunos países de la UE siempre se hacen públicas prácticamente todas las alertas alimentarias, en España esto no es tan habitual. En 2017 hubo más de 3.800 casos y a penas se publicaron unas decenas en nuestro país, la mayoría pasaron desapercibidas.  

Ya sea por no crear alarma social o por otros motivos que desconocemos, las autoridades sanitarias, concretamente la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), entendieron que los consumidores solo debían estar informados de las alertas alimentarias en las que existía la posibilidad de que el consumidor tuviera el producto en casa y, por tanto, era necesario avisarle de que no lo consumiera.

¿Y qué papel tiene OCU en todo esto?

En OCU solemos hacernos eco de las alertas alimentarias que AESAN publica en su web, sobre todo aquellas relativas a la presencia de alérgenos no declarados. ¿Y por qué este tipo de notificaciones? Pues bien, aunque no son la causa más frecuente y para la mayoría de los consumidores no suponen un problema, lo cierto es que para una persona alérgica las consecuencias de tomar un alimento con algún ingrediente que le produce alergia pueden ser muy graves, incluso fatales si la cantidad es importante y es muy alérgica.

Por esto, insistimos tanto en que los alérgenos aparezcan y lo hagan correctamente identificados en el etiquetado, además de que los fabricantes están obligados por normativa a que estos se indiquen en negrita o se resalten de alguna forma utilizando algún recurso tipográfico.

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Ahora bien, las alertas alimentarias por alérgenos no son las únicas que encontrarás en nuestra web. También las hay sobre alimentos contaminados con bacterias patógenas como, por ejemplo, son el estafilococo, la listeria o la salmonela; y por la presencia de aditivos no declarados.