Desmontando 15 mitos sobre colchones
Elegir un colchón es una inversión a largo plazo y afecta directamente al descanso y al bienestar durante años, pero no existe un modelo perfecto para todo el mundo. Para que aciertes en la compra y no te dejes llevar por todo lo que oyes, te contamos qué hay detrás de los mitos más comunes.
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15 mitos sobre los colchones
1. El mismo colchón vale para todo el mundo
No. Factores como la postura en la que duermes, tu complexión, si eres caluroso... son claves para encontrar el colchón más adecuado. Así:
- Si duermes de lado, lo más importante es aliviar la presión en hombros y caderas sin perder alineación de la columna. Te convienen colchones con buena adaptabilidad local, que permitan un hundimiento controlado en esas zonas.
- Si duermes boca arriba, el colchón debe sostener bien la zona lumbar y evitar que la pelvis se hunda. Suelen funcionar mejor los colchones con firmezas medias o medias-altas, siempre que el soporte sea estable con el uso.
- Si duermes boca abajo, el objetivo es impedir que la pelvis se hunda demasiado, porque puede forzar la zona lumbar. En este caso, es preferible que optes por un colchón con un soporte firme y una respuesta rápida.
Además, si eres una persona de complexión grande necesitarás un colchón con un soporte robusto y buena durabilidad; o si eres caluroso tendrás que buscar un colchón que gestione bien la humedad y facilite la evacuación del calor.
2. Más firme/más blando = mejor/ peor para la espalda
No. La firmeza no se mide igual entre marcas y es poco comparable. Un colchón demasiado firme puede aumentar la presión en hombros y caderas (sobre todo, si duermes de lado) y no mejorar la alineación. Y un colchón demasiado blando puede permitir hundimientos excesivos (especialmente en la pelvis) o perder soporte con el uso.
Lo importante es el soporte: que la columna quede en una postura neutra y el colchón se adapte dónde debe.
3. Viscoelástico sinónimo de mejor colchón
No. “Viscoelástico” suele significar una capa de visco en la superficie, no que todo el colchón sea de visco. Esa capa puede mejorar la distribución de presión, pero también puede dar más calor o dificultar los giros, si el efecto es muy marcado. El núcleo (de muelles, espuma, látex...) manda en el soporte y la durabilidad.

4. Más zonas (7, 9, 12…) siempre es mejor
No siempre. Las “zonas” pueden ayudar, pero depende del diseño y de si realmente mejoran el soporte. A veces, menos zonas bien hechas funcionan mejor que muchas zonas mal aplicadas.
5. El tejido frío evita pasar calor
El tacto inicial puede ser fresco, pero lo que importa de noche es la ventilación y la gestión de humedad. Un colchón puede sentirse frío al tocarlo y, aún así, retener calor.
6. Lo importante es el tejido (o la funda): lo de dentro da igual
No. El tejido influye en el tacto y algo en la humedad, pero el núcleo y las capas de confort determinan soporte, estabilidad y durabilidad. La publicidad se suele centrar en el tejido exterior de la funda (ultrarrespirable, antibacteriana, aloe vera...) cuando en realidad lo que importa es lo que hay dentro.
7. Más grosor siempre es mejor
No. Más altura no garantiza mejor soporte ni más duración. Importa lo que hay dentro (tipo de muelle/HR/látex, densidades, refuerzos) y cómo está construido el colchón.
8. Si es caro, durará más
No. El precio no es sinónimo de durabilidad. Hay colchones económicos que mantienen mejor la altura, firmeza y soporte que otros mucho más caros. Para estimar si aguantará o no, hay que mirar los resultados de durabilidad.
9. Basta tumbarse un momento en la tienda para elegir bien
No suele ser así. El cuerpo necesita tiempo para notar presiones o hundimientos. Lo recomendable es tumbarse 10–15 minutos en tu postura habitual y comprobar alineación y facilidad para moverte.

10. Si duermo en pareja, con que sea independiente vale
Además de la independencia de movimientos, importa la estabilización (que no haga “olas”) y que el colchón no genere hundimientos asimétricos si hay diferencia de peso.
11. Si tiene mucha garantía, durará muchos años
No. La garantía suele cubrir defectos (hundimientos “exagerados” y bajo condiciones), no que mantenga el confort. La durabilidad depende más de la densidad, la calidad del núcleo, los refuerzos y el uso.

12. Un topper arregla cualquier colchón
No. Un topper (o sobrecolchón) puede mejorar presión o tacto, pero no corrige un núcleo sin soporte ni hundimientos estructurales. Si la base o el colchón ya ceden, solo lo camufla.
13. La base y la almohada son menos importantes
No. No es lo mismo dormir sobre un somier muy flexible o un canapé sin ventilación que sobre una base estable y transpirable: puede cambiar cómo se siente el colchón, aumentar la presión en hombros y cadera y acelerar deformaciones. La almohada también importa: si es demasiado alta o baja, puede provocar tensión en cuello y hombros, aunque el colchón sea perfecto. Elegir una base y almohada adecuadas según tu postura y el tipo de colchón mejora el confort y la durabilidad.

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14. Darle la vuelta al colchón siempre alarga la vida
Depende. Muchos colchones actuales son de “una cara” (con capas específicas arriba). Girarlo 180º puede ayudar a repartir el uso, pero “voltearlo” (de arriba a abajo) a veces no es posible o empeora el confort.
15. Si huele fuerte al abrirlo, es señal de calidad
No. El olor suele venir del embalaje, los adhesivos, las espumas nuevas y suele disiparse con el tiempo. No es un indicador fiable de calidad.
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