Informe

Demencia senil y otros tipos de demencia

21 septiembre 2017
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21 septiembre 2017

Habitualmente, se utilizan los términos demencia, demencia senil y enfermedad de Alzheimer de manera sinónima. Sin embargo, no son exactamente lo mismo. En este informe, aclararemos las diferencias y revisaremos las diferentes causas que pueden dar lugar a una demencia.

Causas de demencia

Causas curables de demencia 

En algunos casos, podemos erradicar la causa que produce la demencia y esperar que el paciente se recupere parcialmente. Por tanto, la tarea inicial del médico será determinar si nos encontramos ante uno de estos casos.

Teniendo en cuenta esta circunstancia, es posible distinguir 2 grandes grupos de demencias potencialmente curables:

1. Demencias que se deben a cualquier fenómeno que ocurre en el interior del cráneo y que supone una compresión del cerebro, deteriorando así su función:

  • Hematoma subdural (presencia de sangre entre el cerebro y el cráneo).
  • Tumor o hidrocefalia (exceso de líquido cefalorraquídeo, el cual ocupa las cavidades internas del cerebro).

En estos casos, el deterioro suele ser bastante rápido. Además de la pérdida de memoria y otros síntomas cognitivos, aparecen precozmente otros síntomas como, por ejemplo, dificultad para caminar, somnolencia excesiva o descontrol de la micción. Un TAC o una resonancia magnética craneal permitirán diagnosticar estas enfermedades. Si bien es cierto que una intervención quirúrgica puede eliminar el hematoma, el exceso de líquido o el tumor y mejorar los síntomas, no siempre es posible.

2. Demencias causadas por problemas relacionados con algunas infecciones crónicas como la sífilis, con el déficit de vitaminas (como la vitamina B12 o el ácido fólico), con los problemas hormonales (como el hipotiroidismo), etc.

Con un ayuda de un simple análisis de sangre, es posible detectar estas enfermedades, las cuales suelen poder tratarse con relativa facilidad.

Causas no curables de demencia, pero controlables

En estos casos, la enfermedad produce un daño más o menos irreversible en el cerebro y, aunque conozcamos la causa, no siempre podemos evitar que siga actuando. A veces, podemos aplicar tratamientos que intenten controlarla y, de este modo, hacer que la patología se estabilice o progrese más lentamente.

Entre estas causas, la demencia vascular es la más importante. Se produce una interrupción del flujo de sangre en una o varias zonas del cerebro, provocando que las neuronas correspondientes mueran por falta de un adecuado aporte sanguíneo. Este proceso se conoce como infarto cerebral.

Si bien es cierto que es posible que un solo infarto baste para dañar la capacidad intelectual de una persona (memoria, comportamiento, orientación…), lo más habitual es que diversos y pequeños infartos sin síntomas aparentes vayan minando la capacidad de reserva del cerebro hasta que finalmente aparece una demencia. Esto se conoce popularmente como falta de riego.

El deterioro derivado de la falta de riesgo suele ser progresivo y no es raro que, además, la persona afectada experimente otros síntomas como una pérdida transitoria del habla o de fuerza bruscas. También, la mayoría de individuos tienen factores de riesgo cardiovascular como, por ejemplo, problemas de corazón, hipertensión arterial, diabetes, colesterol alto o han sido fumadores. Un TAC craneal u otra prueba de imagen puede ayudarnos con el diagnóstico.

Asimismo, el daño producido por las faltas de riego no se puede recuperar, pero se puede intentar que no haya nuevas carencias controlando los factores de riesgo y usando tratamientos específicos.

Hasta hace 20 o 30 años, se creía que la demencia vascular era la causa más frecuente de demencia. Hoy sabemos que es la segunda, después de la enfermedad de Alzheimer. De hecho, es frecuente que se asocien ambas patologías y que, incluso, la demencia vascular sea la causa de que un alzhéimer vaya más rápido. Los médicos llaman a este proceso demencia mixta.

Otras causas de daño cerebral que podemos parar son el alcoholismo crónico y los golpes repetidos en la cabeza, entre otras.

Causas no curables: las demencias degenerativas primarias

Cuando hablamos de demencias degenerativas, nos referimos a procesos cuya causa desconocemos, en las que se produce la destrucción de las neuronas y, por tanto, la pérdida progresiva de la capacidad funcional del cerebro. Todo ello, sin que aparentemente se identifique falta de riego, inflamación, infección o tumor. Entre todas las demencias degenerativas, destaca la enfermedad de Alzheimer.

Existen otros tipos de demencia degenerativa como, por ejemplo:

  • Demencia frontotemporal: no es muy distinta del alzhéimer en sus fases avanzadas. Mientras que la conducta y el lenguaje se alteran antes, la memoria y la orientación se mantienen bastante bien al principio.
  • Enfermedad por cuerpos de Lewy: se asocia típicamente a otro tipo de síntomas como la rigidez o la lentitud de movimientos. En una fase muy inicial, puede llegar a confundirse con la enfermedad de Parkinson.

Hoy en día, no hay ninguna prueba diagnóstica que confirme con certeza este tipo de demencia durante la vida del paciente. Sólo el examen del cerebro en autopsia puede confirmar definitivamente el diagnóstico.

Las enfermedades priónicas

Este es un grupo muy particular de demencias, que hace alusión a la enfermedad de Creutzfeld-Jacob (el equivalente humano de la enfermedad de las vacas locas) y a otras similares.

Estas enfermedades se desarrollan porque una proteína que está presente en el cerebro debido a mecanismos que se desconocen cambia su forma y deja de funcionar correctamente. En algunos casos, se puede contagiar por comer determinados tejidos procedentes de animales que tienen esta proteína anómala y que se conoce como priones. En otros casos, el origen es genético.

Las enfermedades priónicas son demencias muy agresivas que son capaces de acabar con la vida de los pacientes en pocos meses. Además del deterioro cognitivo, se asocian otros síntomas de carácter neurológico como la pérdida de movilidad, las crisis epilépticas o los movimientos anormales similares a sacudidas (mioclonias). En cualquier caso, son extremadamente infrecuentes.