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Autismo: causas y síntomas

02 abril 2019
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02 abril 2019

Todos tenemos en la cabeza algún caso de autismo, ya sea real o de ficción. En este segundo caso, el cine ha contribuido a que muchas personas asocien el autismo con el estereotipo de personas con trastornos de comportamiento, confusión emocional y un extraño don para hacer cálculos matemáticos mentales. Más allá de este cliché, intentaremos explicar qué es realmente el autismo.

¿Qué es el autismo?

El autismo es un conjunto de trastornos caracterizados por una alteración de causa desconocida en el desarrollo neurobiológico y que suele presentarse en la infancia, teniendo los niños cuatro veces más de posibilidades de ser autistas que las niñas.

Si bien es cierto que no se dispone de información fidedigna sobre el número real de personas afectadas, el autismo se diagnostica cada vez más en todo el mundo.

El diagnóstico es complejo. Se podría decir que cada autista es único. De hecho, los especialistas utilizan el término “trastornos de espectro autista” para reflejar la variedad de situaciones que clásicamente se han metido en el cajón de sastre del autismo.

Causas de los trastornos del espectro autista 

El actual desconocimiento sobre sus causas y sus mecanismos hace que la definición de autismo sea meramente descriptiva, basada en el comportamiento del niño y en la forma en que éste se relaciona con su entorno.

Sí parece que la genética y los factores ambientales tienen cierta influencia a la hora de que un niño desarrolle autismo. Por el contrario, la educación recibida, la falta de atención o de cariño por parte de los padres y el uso de las vacunas no guardan ningún tipo de relación.   

Síntomas y diagnóstico del autismo

Las manifestaciones del autismo empiezan en la infancia, pero no siempre en el mismo momento. A continuación, mencionamos algunos síntomas y la edad a la que suelen presentarse, con el objetivo de servir de orientación a la hora de detectar un problema de autismo infantil. Asimismo, es conveniente consultar al pediatra si se observa algunos de estos indicios relacionados con el desarrollo cognitivo del niño.

  • A los 15 meses, el niño:
  • No mantiene contacto visual cuando le hablan o le llaman.
  • No siente interés por tocar los objetos que tiene a su alcance, ni comparte su interés por lo que le rodea.
  • No reacciona ante las preguntas y expresiones faciales de quien le habla.
  • Nunca dice adiós con la mano.
  • A los 18 meses, el niño:
  • No identifica partes de su cuerpo.
  • No balbucea palabra alguna.
  • No señala los objetos ni juega imitando lo que hacen los adultos.
  • A los 2-3 años, el niño:
  • Sigue sin hablar o habla muy poco.
  • Continúa sin reaccionar o lo hace de forma extraña a estímulos sensoriales.
  • No muestra interés por otros niños de su edad, ni parece ser consciente de su presencia.
  • No comparte las emociones placenteras.
  • No llega a descifrar las emociones, la mímica o las expresiones corporales de otros, y no reacciona ante ellas.
  • Exhibe pocas dosis de fantasía y es poco creativo o imitativo.
  • Se limita a realizar movimientos rituales: ordena sus coches en lugar de jugar con ellos, clasifica sus lápices de colores en lugar de usarlos para pintar con ellos…
  • No señala objetos con el dedo para llamar la atención de alguien.
  • Carece de iniciativa para las actividades o los juegos sociales.
  • Ejecuta movimientos repetitivos con los dedos o las manos (por ejemplo, las agita constantemente).

Es muy importante tener en cuenta que muchos de los síntomas anteriores son inespecíficos y pueden corresponderse con otras alteraciones. No es extraño que, junto al autismo, se presenten otros problemas como, por ejemplo, son: la epilepsia, un cierto retraso mental o alteraciones de tipo sensorial (hipersensibilidad a ciertos sabores, sonidos, olores o materiales, así como insensibilidad al frío extremo o al calor).  

En ocasiones, quienes conviven con un niño autista niegan el problema y eso hace que se alarguen los tiempos de espera hasta que se realizan los exámenes y análisis pertinentes. También, suele ser frecuente la falta de formación y de experiencia en la detección y tratamiento de esta enfermedad entre algunos especialistas o educadores.

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En el autismo la comunicación es clave

Las personas autistas suelen presentar deficiencias en tres ámbitos:

a) Comunicación verbal y no verbal: los niños con autismo utilizan un vocabulario muy limitado para su edad, repiten frases y palabras oídas en vez de ofrecer una respuesta a una pregunta que no entienden (ecolalia). Cuando ya son más mayores, se refieren a ellos mismos en segunda o tercera persona. En cualquier caso, el rango es muy variable: hay casos de niños que nunca llegan a hablar, mientras que otros se manejan bastante bien en el plano verbal con algunas dificultades para expresar e interpretar sentimientos e interactuar socialmente.

b) Interacción social: otra característica de estos niños es la escasa habilidad para desenvolverse bien dentro de los esquemas sociales habituales. En este sentido, les resulta muy difícil:

  • Establecer un diálogo, mantenerlo y terminarlo.
  • Interpretar las expresiones faciales y el lenguaje corporal.
  • Distinguir una conversación formal de una coloquial, reflexionar de manera abstracta, etc.
  • Comprender el humor, la ironía, el sarcasmo y los sentidos figurados.
  • Participar en actividades comunes y entenderse con los adultos o interactuar con otros niños.
  • Estar bajo presión. Cualquier acción relacionada con que se den prisa o se muestren más activos, puede despertar una gran oposición. Hay niños en los que cualquier incursión externa a su “burbuja” puede desencadenar una reacción violenta.
  • Adaptarse a los cambios repentinos, las interrupciones de su rutina, las sorpresas, etc.

c) Capacidad imaginativa: los niños autistas suelen manifestar comportamientos, intereses y actividades restringidos, repetitivos y estereotipados.

Tratamiento del autismo

A día de hoy, el autismo como tal no tiene cura. Sin embargo, si un niño diagnosticado con este problema recibe ayuda cualificada, puede aprender en cierta medida a adaptar su comportamiento y a desarrollar sus capacidades. Esto aumentará su calidad de vida y su grado de autonomía, y favorecerá su integración en el seno de la familia y de la sociedad. Además, se ha comprobado que los resultados son mejores cuando los apoyos llegan durante los primeros años de vida.

Ayuda para las familias

En los casos de autismo infantil, la familia juega un papel clave, ya que sobre ella recae buena parte del trabajo que hay que realizar. En la actualidad, uno de los elementos que más puede ayudar al núcleo familiar son las asociaciones de padres con hijos con autismo. En estas organizaciones, es posible encontrar apoyo, información y asistencia. A nivel estatal, algunas de las más importantes son:

Ahora bien, es importante también recurrir a los servicios de salud, de educación y sociales (pediatras, psiquiatras, psicólogos, pedagogos, logopedas…).