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Día de la Pediatría: no abuses del médico

08 octubre 2014

08 octubre 2014

Este miércoles celebramos el Día de la Pediatría, en un momento en que desde OCU alertamos de la excesiva medicalización de la población. Pensamos que los niños tampoco deben visitar sin necesidad al médico, y la mejor recomendación para los padres es utilizar el sentido común.

Este miércoles, 8 de octubre, se celebra por primera vez en España el Día de la Pediatría, bajo los auspicios de la Sociedad Española de Pediatría (AEPED), y con el lema El Pediatra, uno más de la familia. Desde OCU apreciamos la importancia del pediatra, pieza clave de una atención sanitaria de calidad, y nos sumamos a su reconocimiento.

Pero pensamos que lemas como el propuesto este año por la AEPED no son los más adecuados. En un momento en que desde OCU estamos llevando a cabo una campaña en contra de la excesiva medicalización de la población, no podemos dejar de lado hasta qué punto dicho proceso afecta también a los niños.

El pediatra no es uno más de la familia

No toda incidencia infantil debe ser tratada por un médico. Es más, en muchos casos esos 'problemas' ni siquiera deberían recibir tratamiento. A juicio de OCU, el pediatra no es un miembro más de la familia, sino un recurso sanitario al que únicamente debe recurrirse cuando es necesario.

Una cosa es que en el caso de los niños la confianza médico-paciente cobre un papel especialmente importante, y otra es que convirtamos en un problema médico lo que no es más que normalidad: deposiciones que cambian de color y consistencia, oscilaciones del apetito, rabietas…

Un buen ejemplo de la excesiva medicalización de la infancia, sobre todo en el caso de los más pequeños, es acudir al médico cuando se tiene fiebre, que no deja de ser un mecanismo de defensa del organismo frente a las infecciones. Son de hecho los propios pediatras los que en caso de fiebre aconsejan acudir al médico solo cuando se trata de bebés menores de tres meses o cuando se dan circunstancias especiales:

  • Si su nivel de conciencia disminuye, tiene un dolor de cabeza intenso, vómitos violentos o su piel presenta puntitos rojizos, que no desaparecen al estirar la piel de alrededor.
  • Si sufre convulsiones o pérdida de conocimiento.
  • Si se muestra muy decaído o irritable.
  • Si respira con dificultad.
  • Si tiene vómitos o diarrea continuos y abundantes que causen deshidratación: lengua seca, ausencia de saliva, ojos hundidos...
  • Si la orina es muy escasa o deja de orinar.

En la mayoría de los demás casos, lo más recomendable es mantener la calma y ahorrarse la visita al centro de salud. Simplemente debemos asegurarnos de que el niño esté cómodo (ha de evitarse abrigarlo en exceso) y bien hidratado. Sólo si hay malestar o dolor se puede recurrir al paracetamol o al ibuprofeno.

Sentido común en la alimentación

Pero la medicalización de la infancia se extiende también a la excesiva preocupación por su alimentación, campo abonado a la comercialización de todo tipo de productos tan 'especiales' como innecesarios. Yogures para bebés de precio elevado y con un alto contenido en azúcares, leches de crecimiento que nada aportan a la dieta del niño, probióticos para tratar los cólicos del lactante sobre cuya eficacia no hay evidencia científica, o para “que desayunen sus defensas”, complementos nutricionales

Lo cierto es que en alimentación infantil está todo inventado. Aplicar el sentido común y seguir –sin hacer de ello una cuestión de guerra- las recomendaciones básicas bastan para proporcionar al niño un adecuado crecimiento.

Cuando el niño ya es mayorcito, equilibrio y variedad son la clave. Basta con repartir el aporte calórico y nutricional a lo largo del día, respetar todas las comidas (incluyendo el tentempié de media mañana y la merienda) y escoger los alimentos más adecuados para cada una.

Niños movidos, no hiperactivos

 Especial preocupación existe hoy día entre los padres por la extensión de la hiperactividad infantil. Son muchos los especialistas que advierten que estamos ante una “enfermedad inventada” más.

En cualquier caso, y sin negar que existan niños hiperactivos que pueden beneficiarse de un manejo especializado, es indiscutible que asistimos a un perfecto ejemplo de sobrediagnóstico. La hiperactividad se ha convertido en el cajón de sastre en el que se mete a cualquier niño o adolescente problemático, y que puede llevar a medicarlo innecesariamente con fármacos que tienen efectos adversos nada despreciables.

En Estados Unidos, 1 de cada 5 adolescentes en edad de ir al instituto han sido etiquetados ya como hiperactivos. En España, la situación no alcanza todavía la de EE UU, pero vamos camino de ello. Éstos son algunos trucos útiles para el día a día de aquellos niños especialmente “movidos” pero que no están enfermos:

  • Procure que su hijo entienda con claridad lo que espera de él. Fije límites realistas y bien definidos.
  • Establezca unos horarios para que, en la medida de lo posible, el niño coma, juegue, estudie y duerma a las mismas horas.
  • Recompense los comportamientos positivos (sin exagerar) y castigue los inaceptables al momento.
  • Enséñele a contar hasta 10 en los momentos críticos, para que poco a poco aprenda a controlar sus reacciones.

Los niños no son rehenes

 Etiquetar como enfermo a un niño que no lo está puede tener consecuencias a largo plazo, tanto para el niño (estigmatización social, dependencia innecesaria del sistema sanitario) como para la sociedad, en términos de gasto superfluo.

 En OCU tampoco creemos que convertir a los niños en rehenes de los grupos de presión en el ámbito de la medicina sea una buena idea. Situaciones como la vivida recientemente con la vacuna de la varicela han generado una alarma social injustificada, en este caso debido a la decisión de Sanidad de que se dispense únicamente en hospitales y centros de salud para niños de 12 años que no han pasado aún la enfermedad y para grupos de riesgo.

La varicela en la infancia es un problema benigno en la inmensa mayoría de los casos, y el debate científico sobre la conveniencia de vacunar a todos los niños pequeños está más abierto de lo que argumentan algunas sociedades médicas.

Un elemento a valorar es la posibilidad de que la enfermedad se desplace a la edad adulta, cuando la varicela es más agresiva y crece el riesgo de que surjan complicaciones graves. En este sentido, a día de hoy creemos sensata la decisión tomada, con independencia de la falta de trasparencia con la que se produjo todo el proceso. Pero más allá del legítimo debate, que debe girar en torno a la evidencia científica, crear inquietud en los padres sobre este tema nos parece que no está justificado.