Informe

Taxi, Uber y Cabify: pros y contras

03 abril 2018
Taxi, Uber, Cabify

03 abril 2018

Los taxis y empresas privadas de vehículos con conductor (VTC) están inmersos en una guerra comercial. Con el objetivo de comprobar qué hacen para conquistar al cliente, realizamos un estudio de 173 viajes en taxi o vehículo Uber X y Cabify. La competencia es buena para el consumidor, pues obliga a ofrecer mejor servicio y precios variados, pero siempre que las reglas del juego sean las mismas para todos. 

Nuestro estudio: 10 ciudades, 173 viajes

Hasta hace muy poco, el servicio público de taxis era la única opción para contratar un coche con conductor en trayectos puntuales. De hecho, esta sigue siendo la única fórmula disponible en buena parte de España. En paralelo, siempre han operado empresas privadas que ofrecen servicios VTC, es decir, “vehículos de transporte con conductor”, o lo que es igual, coches con chófer.

Gracias a las facilidades que dan las nuevas tecnologías, las empresas con coches VTC se han convertido en una alternativa real al taxi, lo que ha abierto una guerra comercial de final incierto en la que tercian, entre otros, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (que está por la labor de abrir el mercado), el Ministerio de Fomento (que tiene en sus manos la patata caliente), y el propio Tribunal Supremo.

La lógica invita a pensar que las empresas VTC están aquí para quedarse y que caminamos hacia un escenario de múltiples opciones. Por eso sería de esperar que los contendientes de esta guerra, más que desacreditar al contrario, se esforzaran por contentar al cliente.

Competencia, pero con regulaciones igual de exigentes

Para OCU queda claro que Uber, al contrario de lo que pretendía, no es economía colaborativa, es el símbolo de las plataformas bajo demanda, algo mucho más complejo que está revolucionando el acceso de los consumidores a determinados servicios. El tribunal europeo zanjó la cuestión en diciembre de 2017, declarando que Uber es una empresa de transporte y no una plataforma digital de intermediación entre viajeros, por la que está obligada a trabajar en las mismas condiciones que el resto de operadores sin vestirse de economía colaborativa para eludir sus obligaciones laborales, fiscales y sobre todo su responsabilidad frente a los consumidores.

Desde OCU consideramos que la competencia es buena para el consumidor, pues obliga a mejorar el servicio y abre el abanico de precios. Sin embargo, creemos que todos los operadores deben tener las mismas condiciones y con regulaciones igual de exigentes para ambos casos.

Taxi, Uber y Cabify: tres competidores

Taxi: Ofrece un servicio público cuyos precios están regulados por la Administración y se controlan mediante un taxímetro o contador homologado. Para operar, los taxistas deben hacer una inversión fuerte para conseguir una licencia municipal pues hace años que los ayuntamientos no conceden nuevas licencias y las que circulan son objeto de un mercadeo poco transparente. Los coches VTC se ven como una competencia que “roba” clientes y deprecia las licencias.

Uber: Es una empresa multinacional que, dentro de España y por ahora, solo opera en Madrid. Da un servicio VTC corriente, es decir, que ofrece coches con conductores profesionales. Pero muchos consumidores no tienen clara su situación legal, pues la asocian a la plataforma Uber Pop, que ponía en contacto a conductores particulares con viajeros y fue suspendida por mandato judicial al entenderse, entre otras cosas, que los particulares incurrían en competencia desleal. Al igual que Cabify, ofrece distintos tipos de coche (nosotros probamos el básico, Uber X).

Cabify: Era una antigua empresa española de coches con chófer que ha experimentado un importante crecimiento al ofrecerse vía app. En España opera en Barcelona, Madrid, Málaga, Sevilla y Valencia, pero además está implantada en muchos países iberoamericanos. Su forma de operar es muy parecida a la de Uber y también obliga a estar en posesión de una licencia VTC. En teoría, por cada 30 licencias de taxi se concede una VTC. En la práctica, hay más, lo que en parte se debe a cómo han resuelto los tribunales los vacíos legales del pasado.

Tres tipos de trayectos distintos

Nos camuflamos de forasteros y usamos de forma anónima los servicios de transportes disponibles en diez ciudades españolas: Barcelona, Bilbao, La Coruña, Madrid, Málaga, Palma de Mallorca, Santa Cruz de Tenerife, Sevilla, Valencia y Zaragoza. Utilizamos solo taxi cuando no hay más alternativa y, tanto taxis como coches VTC operados por Uber o Cabify, allí donde los había

En cada ciudad, hicimos varias veces tres tipos de trayecto (un total de 173 viajes), que registramos y cronometramos mediante una app de running, para comparar el recorrido real con el propuesto por Google Maps:

  • Largo: un pasajero con maleta fue del aeropuerto a un hotel céntrico.
  • Medio: un pasajero se desplazó desde un hotel céntrico a las cercanías de la estación de tren con un servicio previamente reservado, al que se presentó un poco tarde.
  • Corto: un pasajero fue de la estación de trenes a un destino a unos 800 metros.
En nuestro estudio evaluamos la experiencia del pasajero desde que decide tomar un coche hasta que se baja de él al final del recorrido valorando aspectos como: encuentro y puntualidad; identificación; limpieza y seguridad del vehículo (cinturones); comportamiento del conductor; taxímetro; bajada de bandera; itinerario; tipo de conducción; cobro y factura.

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