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Más análisis para vigilar lo que llega a tu plato

05 marzo 2013
Análisis alimentos

05 marzo 2013

El reciente escándalo de la carne de caballo ha puesto en evidencia los controles que llevan a cabo las autoridades. ¿Quién vigila lo que llega a nuestro plato? No basta con garantizar la seguridad alimentaria, sino que son necesarios más análisis para evitar fraudes de etiquetado.

Los astronautas tienen algo que ver con la comida que acaba en nuestro plato. La metodología que se usa para controlar los alimentos fue inventada por la NASA. Una intoxicación en el espacio podía arruinar una misión que había costado millones. 

El método de la NASA

Esta metodología fija una serie de puntos críticos para garantizar la seguridad de cada alimento. El objetivo es mantener nuestro plato libre de contaminantes, ya sean químicos (residuos, medicamentos, plaguicidas...), microbiológicos (salmonella, E.coli...) o físicos (trozos de cristales, espinas de pescado...).  

En España la inspección se divide en:

  • Higiénico-sanitaria: comprueba que se respetan los puntos críticos para cada tipo de contaminación.
  • Consumo: estos inspectores se encargan fundamentalmente de que las etiquetas de los alimentos digan la verdad, y también de otros tipos de fraude.

En Europa la normativa ha crecido en los últimos años, desarrollándose organismos de evaluación como la EFSA

Trazabilidad: seguir la pista del alimento

En la normativa se incluye la obligación de saber de dónde viene cada alimento. La trazabilidad pone nombre y apellidos a los proveedores, fecha a los envíos y un número a cada lote. La Administración debe vigilar y comprobar que toda la documentación está en regla.

Pero como bien dice el dicho, el papel lo aguanta todo. La Administración revisa papeles, pero no suele ir más allá. Si se está inspeccionando carne de vaca, nadie se plantea que aquello no sea 100% vacuno. Esto es lo que ha pasado con el reciente fraude de la carne de caballo.

Carne de caballo: fraude en el etiquetado

En toda Europa ha habido casos en los que la carne picada de hamburguesas, lasañas y otros productos no era solo de vaca sino también de caballo. El escándalo empezó en Irlanda y en España la OCU fue quien dio la voz de alarma: analizamos diversas marcas de hamburguesas frescas envasadas y encontramos carne de caballo en dos de ellas.

Hubo reacciones de todo tipo, pero el tiempo y la sucesión de casos parecidos en todo el continente han terminado por darnos la razón.

En el caso de la carne de caballo, alguien mintió a lo largo de la compleja cadena de suministro. ¿Quién fue? Difícil saberlo, ya que las inspecciones de la Administración incluyen análisis, pero prácticamente todos van encaminados a detectar problemas de seguridad alimentaria y no fraudes en el etiquetado. 

Y eso es lo que supone el caso de la carne de caballo: un fraude en el que la etiqueta del alimento no dice toda la verdad.

Solo si hay indicios se montan campañas puntuales para detectar fraudes, ya que es necesario un análisis específico para saber si en un producto hay carne de caballo, o de vaca, o de pollo... El coste de este proceso es elevado y no se hacen de manera rutinaria. La OCU hizo la prueba para saber si en las hamburguesas de vacuno había restos de caballo, pero lo hicimos después de saber del escándalo irlandés. 

¿Sabemos lo que comemos?

Estos sucesos ponen de manifiesto la necesidad de que las autoridades estén más alerta. No basta con controlar la seguridad de los alimentos: también hace falta detectar movimientos extraños de mercancías, llegada al mercado de proveedores sospechosos, cambios de precios significativos y no justificados... 

Y por desgracia ni siquiera los certificados expedidos por ciertos organismos son suficientes: en muchos de nuestros estudios hemos comprobado que los certificados (como el que acredita un jamón como ibérico o un alimento como libre de OGM) no siempre coinciden con los datos de un análisis riguroso. 

Desde la OCU pedimos un papel más activo de las autoridades responsables (tanto a nivel nacional como europeo): es la única manera de que los consumidores sepan con garantías lo que están comiendo. 


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