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Glifosato, el herbicida de la polémica

26 octubre 2017
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26 octubre 2017
El glifosato es un potente herbicida, tan utilizado como controvertido. La mayor parte de la comunidad científica no lo considera peligroso para la salud humana, pero cada vez son más las voces que cuestionan su uso. Ahora, la Comisión Europea debe decidir si amplía la autorización otros 15 años. 

El glifosato es el herbicida más utilizado en todo el mundo, desarrollado por Monsanto. Se introdujo en el mercado en los años 70 y desde entonces ha tenido una gran difusión. En 2001 expiró la patente, y desde entonces muchas otras compañías empezaron a producir herbicidas con glifosato.

Se utiliza en tanto en agricultura como en el cuidado de jardines y espacios verdes, y entre sus particularidades se encuentra que la mayoría de los OGM son resistentes a este producto.

Opiniones encontradas sobre el glifosato

Hace un par de años surgió la polémica en torno a la inocuidad del glifosato.

  • La IARC (Agencia de la OMS para la investigación del cáncer), en marzo de 2015 clasificó este pesticida como un "probable carcinógeno humano" (categoría 2A).
  • Sin embargo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) emitió ese mismo año un informe concluyendo que es poco probable que el uso del glifosato implique riesgo para la salud ni para el medio ambiente y fijando la ingesta máxima diaria en 0,5 mg por kg de peso corporal. En la misma línea se manifestó en 2016 un comité conjunto de FAO/OMS. Y más recientemente ECHA, la Agencia Europea para productos químicos, ha establecido que el glifosato no solo no es cancerígeno, sino además es "no mutagénico" o "tóxico para la reproducción", ni "genotóxico".
  • También hay estudios realizados por entidades independientes que concluyen que no existe problema carcinogenicidad causado por glifosato con los niveles actuales de exposición a esta sustancia. La organización de consumidores italiana, Altroconsumo, realizó un muestreo en 68 muestras de pan entero y encontró rastro de glifosato en el 51% de los productos, pero siempre en cantidad mucho menor al umbral de seguridad establecido por la EFSA

Con todo, las conclusiones de la comunidad científica no convencen a los contrarios al uso de este herbicida, que consideran que los estudios no son objetivos.

Además del posible efecto en la salud humana, objeto de discusiones políticas y científicas, no se puede pasar por alto el impacto en el medio ambiente (en especial en el suelo y aguas superficiales) de este producto. Hay estudios que concluyen que el glifosato tiene un impacto perjudicial sobre los organismos acuáticos y afecta a organismos terrestres como las lombrices de tierra. Por otro lado, puede resentirse la biodiversidad, y además, su uso masivo da lugar a resistencias.

Usarlo o no, esa es la cuestión

El tema está de actualidad porque en breve la Comisión Europea tendrá que pronunciarse y decidir sobre la ampliación de la autorización del uso del glifosato en la Unión Europea por otros 15 años. Es el turno de los políticos.

Independientemente de la decisión que se adopte a nivel europeo, los países, regiones o ciudades pueden vetar el uso de glifosato. De hecho, cada vez son más las voces que se alzan contra este herbicida. Países como Francia, Italia o Austria ya han expresado su rechazo a la ampliación de la autorización de uso del glifosato.

En España, hay zonas donde se ha dejado de usar, como Barcelona o Tarragona, pues según la normativa española "la administración competente en cada caso pueda aplicar el principio de cautela limitando o prohibiendo el uso de productos fitosanitarios en zonas o circunstancias específicas".

Más control para prevenir problemas

La incertidumbre rodea al glifosato, y en espera de una decisión concluyente, la Unión Europea ha regulado para evitar el uso incontrolado del producto.

Lo mejor es recurrir a alternativas más sostenibles y menos polémicas… pero normalmente también son menos asequibles. En cualquier caso, la solución ideal pasa por hacer un uso responsable y sostenible de los productos agroquímicos, buscar alternativas que no dañen el medio ambiente y, a la vez, no hagan que se resienta la productividad. ¿Misión imposible?


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