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Rinitis, la alergia más común

20 marzo 2018
Alergias y rinitis

20 marzo 2018

Si padeces rinitis entonces ya sabrás que la congestión nasal, el moqueo y los estornudos son sus principales síntomas. Es muy frecuente en los alérgicos al polen y la sufren uno de cada cuatro españoles. Si eres uno de ellos, atento este año al recuento de polen y a las medidas de prevención.

La alergia es la respuesta exagerada de nuestro sistema inmunitario a un estímulo externo, el alergeno, que puede ser un alimento, un cosmético, un medicamento, el polvo o el polen, el más habitual con diferencia. De hecho, según una encuesta de OCU, la rinitis, también conocida como fiebre del heno, es una alergia que afecta al 27% de la población.

Congestión nasal, moqueo y estornudos son los principales síntomas de la rinitis alérgica, una enfermedad que padece uno de cada cuatro españoles. También es frecuente la irritación de los ojos con picazón, picor de nariz, oídos o garganta, molestias oculares... En el caso de presentarlos de forma recurrente, se debe consultar al médico para valorar un diagnóstico. Si te afecta la rinitis alérgica, atento al recuento de polen y a las medidas de prevención.

Cómo actuar

En el caso de sufrir síntomas propios de la rinitis, el consejo de OCU es ir al médico y tratar de encontrar el alérgeno responsable de nuestra alergia. Así, los médicos podrán poner un tratamiento para controlar las molestias asociadas a la alergia. Conviene además, en caso de ser alérgico al polen, consultar habitualmente los índices de polen y adoptar algunas medidas preventivas durante los meses de primavera, pues los síntomas se recrudecen. 

  • Manten las puertas y ventanas cerradas en las horas de máxima polinización.
  • No realices actividades al aire libre en esas horas.
  • No seques la ropa a la intemperie en esos días.
  • Evita el uso de ventiladores tanto en casa como en el coche, ya que mueven el aire del exterior y con él las partículas de polen.
  • Utiliza gafas de sol cuando salgas a la calle. Las compresas de agua fría o los aclarados con agua destilada pueden aliviar la picazón ocular.
  • Puedes consultar la web de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica, muy útil para los alérgicos al polen.

Fármacos de ayer y hoy

Existen dos tipos de medicamentos para el tratamiento de las alergias. Los que sirven únicamente para controlar los síntomas y las vacunas que modifican el proceso de la enfermedad con objeto de curar la alergia.

La primera línea de tratamiento suele ser recurrir a los medicamentos sintomáticos: los antihistamínicos y los corticoides intranasales

  • Los antihistamínicos son los más utilizados. Uno de los más probados y eficaces, con buen perfil de seguridad y reconocido como primera elección por diversas guías clínicas, es loratadina, y cuesta menos de 5 euros al mes.
  • Si la rinitis alérgica dura más de cuatro días a la semana o se prolonga más de un mes, pueden ser necesarios otros medicamentos, como los corticosteroides intranasales, que son medicamentos que requieren prescripción médica. Los más baratos son los que contienen budesonida o beclometasona. Existen varios corticoides intranasales pero todos con una eficacia similar, por lo que lo más razonable es usar el más barato.
  • Cuando la congestión nasal es muy fuerte pueden usarse descongestivos nasales que se venden sin receta, pero no durante más de tres días sin supervisión médica. Su uso prolongado puede producir congestión y más rinitis como efecto rebote e incluso generar adicción.

Los últimos antihistamínicos no son mejores 

Los antihistamínicos que se comercializaron primero (como la difenhidramina, el dimenhidrinato, la clemastina, la doxilamina o la clorfeniramina) tienen el inconveniente de provocar mucho sueño, entre otros efectos adversos. Pero no es así en los de segunda y tercera generación. Los antihistamínicos de segunda generación son los utilizados en la mayoría de los pacientes debido a que no producen somnolencia. En España los más usados son loratadina, cetirizina, ebastina, rupatadina, desloratadina (metabolito de la loratadina), levocetirizina (isómero de la cetirizina) y fexofenadina. Todos incluidos en la prestación del Sistema Nacional de Salud.

El médico debería elegir teniendo en cuenta la relación coste-beneficio. La opinión de OCU es que la financiación por el Sistema Nacional de Salud debería ser más selectiva, sobre todo cuando no hay una mejora o una innovación terapéutica que justifique el sobreprecio, y más aún en la situación actual, que debe garantizarse el uso más racional posible.

Las vacunas: la cura

Cuando el tratamiento con medicamentos sintomáticos no es suficientemente eficaz se recurre a la segunda línea de tratamiento: las vacunas contra la alergia. Es importante resaltar que las vacunas para la alergia constituyen, a día de hoy, el único tratamiento curativo que existe de los procesos alérgicos

El tratamiento con vacunas consiste en la administración gradual de dosis crecientes del extracto alergénico al que la persona es alérgica con objeto de inducir tolerancia al mismo y reducir, hasta su desaparición, los síntomas y signos de la alergia. Hay dos tipos de vacunas para la alergia:

  • Las que se administran vía subcutánea, es decir, inyectadas. Son las más conocidas y las más habituales, pues llevan más tiempo comercializadas. Su mayor inconveniente es que para su aplicación deben ser inyectadas, lo que requiere acudir a un centro médico, pero por otro lado, tienen la ventaja de que la administración es periódica (una vez al mes). 

  • Las que se administran vía sublingual, es decir, administrándolas debajo de la lengua. Pueden ser en forma de gotas o aerosol, o de comprimidos liofilizados que se disuelven bajo la lengua. Son más recientes y su mayor ventaja sobre las subcutáneas radica en su modo de administración ya que se evitan las inyecciones y el tener que acudir a un centro sanitario. No obstante, se han de administrar todos los días o en días alternos.

Tanto las vacunas subcutáneas como las sublinguales son eficaces y seguras. En ambos casos las reacciones adversas más frecuentes son de tipo local, en el caso de las vacunas subcutáneas se puede producir inflamación o enrojecimiento en el lugar de la inyección y en el caso de las sublinguales se puede producir irritación de la mucosa oral. Aunque es raro, las vacunas subcutáneas pueden llegar a desencadenar reacciones adversas más graves de tipo anafiláctico, por eso se administran siempre en consulta bajo supervisión del profesional sanitario.


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