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No, un seguro a todo riesgo no lo cubre todo

Si has elegido para tu hogar o tu coche un seguro a todo riesgo confiando en que cubre toda clase de siniestros, estás confundido por una denominación comercial excesivamente optimista. Es verdad que los todo riesgo tienen muchas coberturas, pero también tienen límites y más vale conocerlos para no descubrir de pronto que debes poner dinero de tu bolsillo. OCU te explica el verdadero alcance de los seguros a todo riesgo.

31 marzo 2026
OCU te previene: los todo riesgo no lo cubren todo

La expresión a todo riesgo suena a protección total, pero en seguros eso no existe: una cosa es el nombre comercial y otra lo que dice la póliza, con sus límites, condiciones, franquicias y exclusiones. A todo riesgo o a todo daño solo significa que cubre más supuestos que otras pólizas, pero no que cubre cualquier daño en cualquier circunstancia.

No es que los todo riesgo sean malos, al contrario, suelen ser útiles y más completos que otras modalidades. El problema es que el nombre da a entender que todo cabe bajo su paraguas.

En realidad, donde otros seguros definen una lista de riesgos cubiertos y dejan fuera todo lo demás, los seguros a todo riesgo hacen lo contrario: definen los riesgos que están expresamente fuera de cobertura y cubren todo lo demás.

Entre esas exclusiones están algunos de los supuestos más frecuentes en la vida real: daños aislados en ciertas piezas, daños estéticos, daños causados por animales o situaciones consideradas de riesgo especial... Por eso, antes de contratar o dar un parte, conviene comprobar qué dice exactamente la póliza.

Por otro lado y como ocurre con cualquier producto, hay seguros mejores y peores. Nuestros comparadores pueden ayudarte a encontrar los que mejor se ajusten a tus necesidades y tu presupuesto:

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Y si cambias de una póliza a otra, asegúrate de tener atada la nueva antes de comunicar la anulación de la antigua con la debida antelación, para no quedarte huérfano de cobertura.

Qué no cubre el todo riesgo del coche

El seguro a todo riesgo se distingue de los seguros a terceros en que cubre los daños que sufre tu propio vehículo:

  • Cuando no hay nadie a quien reclamárselos.
  • Cuando eres tú el responsable del siniestro.

Pero eso no significa que cualquier daño esté garantizado.

Los daños que afectan solamente a ciertas piezas

Son muy comunes las exclusiones que se refieren a algunas piezas concretas, cuando son las únicas que resultan dañadas; es decir, si el coche sufriera múltiples daños sí podrían ser reparadas, pero si solo esas piezas se ven afectadas, no. Ocurre frecuentemente con:

  • El catalizador.
  • Los neumáticos. Es decir, si revientas una rueda al golpear un bordillo y no hay más daños relevantes, puede que el seguro no pague nada.

Los daños cuando se transportaba material inflamable

No son raras las pólizas que excluyen los daños ocurridos mientras se transportaban materias inflamables, explosivas o tóxicas.

No hablamos de sustancias raras, de grandes cantidades ni de usos profesionales. Podría bastar con que llevaras en el coche productos de uso doméstico como una bombona de butano, alcohol sanitario, combustibles para estufas, materiales para pintar o barnizar, productos de desinfección y limpieza, elementos del propio automóvil (por ejemplo, una batería de litio o un bidón de combustible), etc.

Los daños por encima del máximo indemnizable

Incluso los todo riesgo establecen un máximo indemnizable, que baja rápidamente a medida que el coche se hace más viejo, por lo que una reparación muy cara o integral normalmente nunca queda cubierta. Al principio puede compensarse por el “valor a nuevo” o por un valor mejorado, pero con los años el límite cambia:

  • En el mejor de los casos, sería el valor de mercado, o sea, lo que te costaría a ti comprar de ocasión un coche similar al tuyo antes de accidentarse, lo que podría servirte en caso de siniestro total.
  • En el peor y muy común de los casos, sería el valor venal, o sea, lo que te hubieran dado por término medio si hubieras vendido tu coche a un establecimiento de ocasión justo antes de accidentarse, que es menos de lo que te costaría comprarlo.

Cuando el seguro no ya no cubre reparaciones medianamente caras, puede dejar de compensar tener un todo riesgo, pues se queda prácticamente convertido en un seguro para golpes leves.

Qué no cubre el todo riesgo del hogar

En el ramo del hogar, el llamado todo riesgo accidental o todo daño accidental, que suele presentarse como una ampliación opcional del convencional multirriesgo, y en teoría protege de todo daño directo, imprevisto y accidental, con una larga lista de peros:

  • Las exclusiones: lo que no se cubre.
  • Las franquicias: una parte de la reparación que pagas tú.
  • El daño mínimo indemnizable: el seguro no actúa salvo que los daños sean de cierta importancia.
  • La indemnización máxima: que aparece en los peores casos y resta mucho interés al seguro en los siniestros graves.

Los daños en la vivienda desocupada

Algunas pólizas limitan o excluyen determinados siniestros si la casa permanece vacía durante un número de días determinado. Y no nos referimos solo a los robos, sino también a otros daños que el asegurado no imagina.

Los daños puramente estéticos

Uno de los recortes más habituales se refiere a los daños que no impiden el uso del bien asegurado, pero lo afean. Muchas pólizas dejan fuera “las simples ralladuras, desconchados, arañazos, deformaciones, decoloraciones o defectos meramente estéticos”.

Así, si una encimera, un mueble o un electrodoméstico sufre un golpe que no afecta a su funcionamiento, pero sí a su aspecto, el daño puede no estar cubierto aunque sea accidental.

Los daños causados por animales domésticos

Algunos todo riesgo accidental excluyen simple y llanamente “los daños causados por animales”. O sea, mordiscos, arañazos o roturas provocadas por mascotas dentro de la vivienda, incluso aunque el daño sea claramente accidental.

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