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Vino: detecta sus defectos

07 junio 2016
defectos vino

07 junio 2016

Beber vino supone un placer para nuestros sentidos, aunque no siempre es así. Hay veces que abrir una botella o llevarnos el vino a la boca viene acompañado de alguna sorpresa no muy agradable, pero sin efectos perjudiciales para la salud. En OCU te ayudamos a identificar algunas de estas "sorpresas".

  • Olor a corcho: proporciona un olor a humedad y procede de la formación de tricloroanisol que se genera por unos hongos a partir del corcho de los vinos.
  • Picado del vino: se identifica por su olor a vinagre. Es muy común en botellas abiertas en las que bacterias acéticas en presencia de oxigeno transforman el alcohol en vinagre.
  • Vino oxidado: se identifican fácilmente por su apariencia. Los vinos blancos se tornan de un color amarillo o ambar y los tintos se pardean o pierden el color. No se deben confundir con tonos ambarinos propios de un palo cortado, un Pedro Ximénez o un Oporto. Pierden la frescura aromática, quedando planos o incluso con aromas extraños. En boca se incentivan los sabores amargos en detrimento de los ácidos que aportaban frescura.
  • Brett: dispone de un olor muy característico y desagradable a cuadra causado por la levadura, Brettanomyces, que se asocia a un proceso de elaboración poco cuidadoso.
  • Olor a geranio: se da en vinos, generalmente blancos, a los que se ha adicionado ácido sórbico. Este es metabolizado por las bacterias lácticas dando un aroma típico de la flor del geranio.
  • Sabores metálicos: son consecuencia del contacto del vino con determinados metales como el hierro, el zinc o el cobre durante su proceso de elaboración.
  • Huevos podridos: se produce cuando un exceso de anhídrido sulfuroso se transforma, en ausencia de oxígeno, en sulfhídrico dando ese olor desagradable a huevos podridos.
  • Turbidez: puede ser debida  una re-fermentación en la botella causada por presencia de levaduras o bacterias. Se puede dar en vinos que lleven mucho tiempo abiertos o en procesados con poca higiene, donde haya exceso de azúcar, poco alcohol y una mala gestión de los sulfitos.
  • Olor a fósforo: un olor punzante a cerilla es causado por un excesivo uso del anhídrido sulfuroso en el vino. Un compuesto que se usa de manera habitual para ayudar a preservar el vino.
  • Precipitados de cristales: suelen ser causados por la cristalización del ácido tartárico. Normalmente, los vinos se suelen estabilizar con frío para eliminar estos cristalitos de sabor ácido. En ocasiones se pueden encontrar adheridos al corcho o precipitados en el fondo de la botella si, por ejemplo, la hemos guardado en la nevera.

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