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Estudios científicos y evidencia: qué creer en salud

30 diciembre 2017
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30 diciembre 2017

Lamentablemente, no todos tenemos un profesional que nos resuelva las dudas que nos surgen cuando leemos las informaciones sobre temas de salud que aparecen en los medios de comunicación. Con este informe, queremos ayudarte a tener una idea más clara de qué creer en salud y qué no.

Información de salud en los medios

La información sobre temas de salud es de gran interés para la población general, pero normalmente nos sentimos poco o mal informados al respecto.

La incorrecta utilización de los estudios científicos

Muchas de las informaciones sobre salud que aparecen en los medios de comunicación escritos y audiovisuales suelen estar basados en estudios científicos, cuyos objetivos son demostrar unas determinadas conclusiones. Sin embargo, los resultados de dichos estudios suelen tratarse de un modo poco riguroso y esto crea una clara incertidumbre en el público general.

Por un lado, está el uso sensacionalista de determinadas investigaciones al respecto de la curación o el beneficio derivado del consumo de un alimento, fármaco, etc.

Por otro lado, a veces leemos artículos donde se malinterpreta los hallazgos de los estudios científicos. Por ejemplo, en ocasiones encontramos en artículos donde a partir de los resultados de un estudio observacional nos dicen que cierta sustancia, alimento o contaminante es la causa de X enfermedad. Cuando la realidad es que los estudios observacionales lo único que permiten es establecer asociaciones, pero nunca relaciones de causalidad. Como mucho se puede decir que la presencia de determinada sustancia aumenta el riesgo de desarrollar cierta enfermedad o de que suceda cierto evento, pero nunca que es la causa. Un estudio observacional no está diseñado para poder hacer esta última afirmación.

También, puede darse el caso de encontrar publicaciones en los medios de comunicación dando por válidos los hallazgos de estudios de baja calidad metodológica ya sea porque el diseño del estudio fuera deficiente o por una mala ejecución.

En otras ocasiones, se presentan como resultado de estudios científicos opiniones de comités de expertos que, ante la ausencia de evidencia científica, deben dar una opinión o recomendación basándose únicamente en su propia experiencia clínica. Estas opiniones de expertos son muy importantes cuando no hay estudios científicos que orienten a la práctica clínica más adecuada, pero en muchas ocasiones esta ausencia de evidencia científica conduce a que distintos comités de expertos acaben haciendo recomendaciones diferentes sobre un mismo asunto porque, al fin y al cabo, estas recomendaciones tan sólo son eso: opinión de expertos. 

Por último, otro problema de toda investigación sanitaria (sea del tipo que sea) es el denominado conflicto de interés. ¿Quién promueve o financia el estudio? ¿Qué medidas se han tomado para que el promotor del estudio no influya en sus resultados? En la literatura científica hay múltiples ejemplos de resultados favorables hacia una determinada intervención sanitaria en estudios promovidos y financiados por el fabricante de dicha intervención, ya sea un medicamento, un dispositivo o un alimento. Y se ha visto que, cuando equipos de investigadores independientes sin financiación o relación con el fabricante reproducen el mismo estudio, los resultados ya no son ni tan positivos ni tan favorables. A veces, lo más adecuado es comenzar a leer un estudio científico por el final, revisar quién es el promotor y si los autores del estudio tienen algún potencial conflicto de interés con el fabricante de la intervención que se vaya a investigar.


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