Me pongo en contacto con ustedes para exponer un caso de especial gravedad relacionado con la seguridad alimentaria infantil y solicitar su valoración, asesoramiento y, en su caso, intervención como organización de defensa de los consumidores.
Nuestro bebé, de tres meses de edad a la fecha de hoy, en su primer mes de vida estuvo consumiendo durante el mes de diciembre fórmula NAN y NIDINA, fabricadas por Nestlé. Durante ese periodo comenzó a presentar un cuadro clínico muy preocupante, que incluyó:
-Diarreas severas con hilos de sangre durante aproximadamente dos semanas
-Malestar estomacal continuado
-vomitos y reflujos intensos
-Pérdida de peso
-Presencia de hilos de sangre en las heces
-Irritación intensa y dolorosa en la zona del pañal
Ante la gravedad de los síntomas, acudimos a servicios de urgencias hospitalarias, donde inicialmente fue diagnosticado de gastroenteritis de origen vírico. Al no producirse mejoría, finalmente fue diagnosticado de APLV (alergia a la proteína de la leche de vaca).
Este diagnóstico supuso:
-Cambio inmediato de leche de fórmula
-Realización de analíticas y extracción de sangre a un bebé de tan corta edad, con el sufrimiento físico y emocional que ello conlleva
-Un gran impacto emocional para la madre al asumir un diagnóstico crónico que condicionó su alimentación futura y q aún sigue condicionando ya que la madre le envían hacer una dieta estricta y restrictiva
Posteriormente, Nestlé comunicó la retirada voluntaria de determinados lotes de leche de fórmula por la posible presencia de cereulida. Gracias a que conservamos uno de los envases, pudimos comprobar que corresponde a uno de los lotes afectados (lote-51730346AC-02:07), de la nidina y de la nan, confirmando que el origen del cuadro clínico fue el consumo de dicha leche y no una alergia alimentaria.
El resto de envases consumidos fueron desechados, aunque en su momento comprobamos que pertenecían al mismo lote. En ese momento buscamos activamente información oficial por si existía algún problema con el producto, sin que existiera ninguna alerta ni aviso público, lo que nos impidió actuar de forma preventiva y evitar el daño al menor.
Consideramos especialmente grave que esta información haya salido a la luz más de un mes después, cuando el bebé ya había sufrido consecuencias físicas innecesarias, deterioro severo a su salud y su alimentación, además de pruebas médicas evitables y un diagnóstico erróneo con un enorme impacto emocional para toda la familia. Además de que hay más bebes afectados como el mío desde Nestlé sostienen que no tienen constancia de menores con síntomas… y en ese momento Nestlé ofreció disculpa con cartas y la devolución del coste de las fórmulas e inclusive enviando una caja con una publicidad de ellos con un pequeño juguete Nestlé, Pero realmente las consecuencias además de físicas, emocionales, también han sido económicas, ya que la madre ha estado con dietas estrictas y el bebé tomando medicamentos que no son subsidiados por la seguridad social,
Por todo lo expuesto, solicitamos a la OCU:
-Que valore nuestro caso desde el punto de vista de la protección del consumidor y la seguridad alimentaria infantil.
-Que nos oriente sobre las acciones administrativas o legales que podamos emprender.
-Que tenga en cuenta este caso para una posible actuación colectiva, denuncia pública o seguimiento informativo, en caso de existir más familias afectadas.
-Que, si lo estiman oportuno, intercedan o soliciten explicaciones a Nestlé sobre los hechos y los plazos de comunicación de la alerta.
Disponemos de documentación acreditativa (informes médicos, fotografías del envase y número de lote, cronología detallada de los hechos) que podemos aportar si así lo requieren.
Agradecemos de antemano su atención y el trabajo que realizan en defensa de los consumidores, especialmente cuando se trata de productos destinados a bebés, un colectivo especialmente vulnerable