En enero de 2026 adquirí en la tienda física de León un pantalón color marrón por importe de 105 €.
La prenda fue lavada por primera vez siguiendo estrictamente las instrucciones de la etiqueta: lavado a 30º, con prendas de color similar, sin uso de suavizante y con detergente doméstico habitual.
Tras dicho lavado, el pantalón presentó manchas blanquecinas, especialmente visibles en una de las perneras.
Ante esta situación, acudí al establecimiento, desde donde enviaron la prenda a su departamento interno de calidad. La respuesta obtenida fue que el deterioro se debía a un problema de lavado incorrecto, sin facilitarme informe técnico alguno ni prueba independiente que acreditara dicha afirmación.
Posteriormente llevé la prenda a una tintorería profesional, donde fue nuevamente tratada sin que desaparecieran las manchas, indicándome el establecimiento que el problema parecía derivar del propio tejido o del tinte.
He presentado reclamación ante la Oficina Municipal de Información al Consumidor, obteniendo la misma respuesta por parte de la empresa: atribuyen el defecto exclusivamente al consumidor.