Hemos comprado una ducha completa y un mueble de baño en Leroy Merlin Vilanova. La atención inicial fue muy buena. Nos atendió Ferran, una persona muy amable que nos asesoró correctamente y nos gestionó la venta de forma excelente.
Una vez realizado el pago, nos informan que el día 25 recibiríamos todo el material y que el 26 de febrero vendría el instalador. Nos organizamos pidiendo días libres en el trabajo y reorganizando asuntos personales para poder estar disponibles los días 26 y 27 para la reforma.
Para nuestra sorpresa, el instalador nos llama el 24 de febrero (un día antes de la entrega) y nos informa de que ha recibido un aviso indicando que el pavimento de la ducha no llegará a tiempo y que, por tanto, no podrá instalar la ducha con la mampara.
Intentamos inmediatamente ponernos en contacto con Ferran o con la tienda, pero resulta prácticamente imposible hablar directamente con el establecimiento, ya que la atención telefónica pasa por una central que no deriva las llamadas, sino que toma nota para que la tienda contacte posteriormente. Esperamos todo el día y nadie nos llamó.
Ante la falta de respuesta, decidimos desplazarnos personalmente a la tienda (con el consiguiente gasto de gasolina y tiempo), ya que nadie nos daba ninguna solución. Allí conseguimos hablar con Ferran, quien nos aseguró que la información del instalador no era correcta y que el día 25 llegaría todo el material. Indicamos expresamente que debía llegar antes de las 13:00h, ya que teníamos una cita médica con nuestro hijo.
Al día siguiente llegó solo parte del material y además a las 14:45h, bastante más tarde de lo indicado. El pavimento, tal y como nos había adelantado el instalador, no llegó.
Volvimos a intentar contactar en cinco ocasiones con la central, sin que nadie nos resolviera nada ni nos devolviera la llamada. El instalador acudió el día 26 e hizo únicamente lo que pudo. Mi marido, ya cansado de la situación, decidió acudir nuevamente en persona a la tienda. Resultó que Ferran estaba de descanso y a nadie se le ocurrió ponerse en contacto con nosotros, ni siquiera la encargada de la tienda. Consideramos que ha habido una falta total de empatía, seguimiento y profesionalidad.
Finalmente, mi marido tuvo que llevar él mismo el pavimento a casa, ya que estaba disponible en la tienda. A día de hoy seguimos sin entender cómo es posible que estuviera allí y no se enviara con el resto del material.
En resumen: la atención comercial inicial fue buena gracias a Ferran, pero a partir de ahí la gestión fue un auténtico desastre. Nos hemos sentido frustrados, ignorados y mal atendidos. Ha habido una desorganización absoluta y en ningún momento nadie ha asumido la responsabilidad ni ha intentado darnos una solución proactiva.
Cuando realizas una reforma de este tipo, además de pagar el material, pagas tranquilidad y seguridad. Nosotros no hemos tenido ninguna de las dos cosas.
Ha sido una experiencia muy decepcionante. No recomendamos en absoluto realizar este tipo de compra en esta tienda.