Hola,
En noviembre, tras haber formalizado el contrato de forma online, acudí por primera vez al gimnasio Fitness Park. En ese momento, en el vestuario femenino se encontraba instalado un difusor automático de fragancias, que pulverizaba de forma continua una nube de olor extremadamente fuerte, penetrante e irritante, haciendo imposible permanecer en dicha zona, tanto en el vestuario como en las duchas femeninas, debido a la dificultad para respirar.
De forma inmediata me dirigí a la recepción del centro y comuniqué la situación a una trabajadora, preguntándole si el dispositivo estaba averiado. La empleada me indicó que no estaba estropeado. Le expliqué que el olor era insoportable, perjudicial para la salud y totalmente anormal, solicitando que se tomaran medidas al respecto. La trabajadora me aseguró que trasladaría la incidencia a la dirección.
Posteriormente continué acudiendo al gimnasio de forma intermitente, comprobando en distintas ocasiones si el uso de dicho difusor había cesado. Al constatar que no se había producido ningún cambio, envié un correo electrónico formal informando de que no podría continuar asistiendo durante el invierno si seguían utilizando ese tipo de ambientadores, ya que tras el entrenamiento necesito ducharme y cambiarme de ropa, y en esas condiciones era imposible utilizar las duchas, al no poder respirar con normalidad. La respuesta recibida fue que analizarían la situación, sin que se adoptara ninguna medida efectiva.
En diciembre, acudí nuevamente al gimnasio, teniendo ya contratadas y pagadas por adelantado sesiones de entrenamiento personal para todo el mes. En esa ocasión comprobé que no solo no se había retirado el difusor del vestuario femenino, sino que además habían instalado el mismo tipo de difusor directamente en la zona de entrenamiento, pulverizando el producto químico sobre las personas que se encontraban entrenando.
Desde el primer día manifesté tanto al entrenador como al personal del centro que el olor me provocaba dolores de cabeza, dificultad para respirar y un claro malestar físico, indicando que la intensidad del perfume era excesiva y perjudicial. Incluso se aprecia visualmente cómo el producto se dispersa en forma de nube química en el aire.
Realicé únicamente cuatro entrenamientos personales. Tras la última sesión, mi estado de salud empeoró considerablemente, sufriendo una migraña intensa acompañada de vómitos, así como síntomas claros de intoxicación / reacción adversa, permaneciendo durante varios días con la sensación del olor en la garganta, sin poder eliminarlo.
Mi última asistencia al gimnasio fue el día 13 de diciembre (viernes). Ese día, al entrar en la zona de entrenamiento con peso corporal, el difusor pulverizó directamente el producto sobre mi cabeza, provocándome el episodio descrito. Desde esa fecha no he vuelto a acudir al centro, ya que el uso de estos difusores hace imposible y peligrosa mi permanencia en las instalaciones.
A pesar de ello, el 15 de diciembre, la empresa intentó realizar un cargo correspondiente al mes siguiente. Les comuniqué expresamente por escrito que no autorizaba la renovación ni nuevos cargos, dado que no podía seguir utilizando el gimnasio si continuaban con dicha práctica, advertida desde el primer día. La respuesta por parte de la empresa fue que el difusor cumple supuestamente con la normativa, que no iban a retirarlo y que mi contrato era permanente por 52 meses, negándose tanto a modificar las condiciones como a resolver el contrato.
Cabe destacar que en ningún momento, al firmar el contrato, acepté ni fui informada de que estaría expuesta a sustancias químicas pulverizadas en vestuarios y zonas de entrenamiento, con efectos perjudiciales para la salud.
Pese a haber dejado de asistir al gimnasio desde el 13 de diciembre y haber solicitado formalmente la resolución del contrato, la empresa realizó cargos no autorizados:
un cargo en diciembre por importe de 47 €,
y un nuevo cargo en enero, también por 47 €.
Asimismo, he sufrido un perjuicio económico adicional por las sesiones de entrenamiento personal no disfrutadas, por un importe total de 170 €, correspondientes a 4 sesiones, que no puedo utilizar, ya que el entrenador únicamente presta servicios dentro de las instalaciones de Fitness Park.
Solicitud
Por todo lo expuesto, solicito:
La devolución de los importes cobrados indebidamente, correspondientes a dos mensualidades de 47 € cada una (total 94 €).
El reembolso de 170 € correspondientes a las sesiones de entrenamiento personal no utilizadas.
La resolución del contrato sin penalización alguna, al haberse modificado de facto las condiciones del servicio de forma perjudicial para mi salud y sin mi consentimiento.