Consejos

Limpiar la cocina y el baño sin lejía, ¿es posible?

21 marzo 2013
limpieza

21 marzo 2013

Sí, y también, necesario. Por sus efectos en la salud y en el medio ambiente, es mejor no usar la lejía o hacerlo con moderación. Esta recomendación la extendemos también a los productos de limpieza con ingredientes biocidas o antibacterianos.

Vivimos rodeados de microorganismos y no por ello estamos siempre enfermos. Por eso no hay que obsesionarse con la limpieza y la desinfección: nuestra casa debe estar limpia, pero no estéril como un quirófano. Además, por mucho que nos esforcemos, la desinfección siempre es momentánea: pasado un tiempo todo vuelve a estar poblado de bacterias, hongos, etc.

Cuando pensamos en desinfectar, la lejía es lo primero que nos viene a la cabeza. Efectivamente, la lejía es un potente desinfectante pero no conviene abusar de ella: el cloro de la lejía reacciona con la materia orgánica y forma compuestos organoclorados, que son perjudiciales para el medio ambiente. Además, es un producto corrosivo.   

Cuándo tiene sentido desinfectar

Solo tiene sentido recurrir a un desinfectante después de hacer una buena limpieza y si hay sospechas de contaminación, por ejemplo cuando hay en casa una persona con una enfermedad contagiosa, o de vez en cuando para las bayetas que se usan para limpiar zonas muy sucias, como el fregadero y el inodoro, o para las tablas donde se cortan los alimentos crudos o cocinados... En ese caso, recurrir a la lejía podría ser una opción, pero ¿sabes cómo usarla bien?

  • Primero elimina bien la suciedad, con agua y jabón o un buen limpiador.
  • Emplea lejía de uso alimentario, que no lleva perfumes.
  • Respeta la dosis recomendada: con unas gotas basta. O como mucho, medio vaso por cada 2 litros de agua.
  • Dilúyela en agua fría. Si se emplea agua caliente, se evapora el cloro y ya no desinfecta.
  • Sumerge la bayeta o la tabla durante 2 o 3 horas en ese baño de agua y lejía.
  • Ten cuidado con las salpicaduras sobre la cara, los ojos o la ropa. Ponte mejor prendas usadas y guantes de cocina. En las tiendas o secciones de bricolaje venden gafas de plástico protectoras. Algunas no cuestan más de dos o tres euros y siempre está bien tenerlas en casa. Son una pieza esencial para la limpieza con productos peligrosos.
  • Procura abrir la ventana de la habitación durante su aplicación y al terminar, para ventilar.

¿Hay alternativas a la lejía?

  • Por un lado están los productos con biocidas. No es recomendable emplearlos de forma generalizada porque a la larga generan la aparición de bacterias resistentes, todo lo contrario de lo que se pretende.
  • También están los productos con oxígeno activo. Son una alternativa al cloro, pero cuidado porque también son peligrosos y algunos de ellos pueden estar etiquetados como nocivos.
  • Entre los remedios caseros, más respetuosos con el medio ambiente, hemos observado buenos resultados con el vinagre blanco. Sobre todo lo hemos probado en el baño y hemos visto que su ácido (acético) también es capaz de matar las bacterias y es un excelente limpiador para los azulejos de la pared. No hay que confundirlo con el vinagre de vino blanco. Estamos hablando de un vinagre específico para la limpieza. Puro se puede usar para manchas concretas y en superficies que sean resistentes, pero para una limpieza general basta con usarlo diluido: 4 partes de agua y una de vinagre.
  • El bicarbonato es otra alternativa, pero en los baños comprobamos que es menos eficaz que el vinagre.

La mejor solución: limpiar con frecuencia

La mejor manera de desinfectar es limpiar con frecuencia y a conciencia. ¿Cómo?

  • Usa un buen producto.
    • Antes de escoger consulta nuestros análisis comparativos de limpiadores generales, quitagrasas o limpiabaños.
    • Para suciedad típica en la cocina funcionan mejor los quitagrasas con agua caliente que los limpiahogares de uso general.
    • Para superficies delicadas (madera, mármol, etc.), utiliza productos adecuados. Los limpiadores habituales, aunque sean multiusos, pueden ser demasiado agresivos.
    • Una elección verde serían los productos con la etiqueta ecológica. Su impacto en el medio ambiente realmente es menor. Aunque no suelen estar entre los mejores, sus resultados han mejorado bastante en los últimos análisis por lo que son una alternativa a considerar.
    • Evita los productos que ofrecen desinfección y limpieza a la vez (los todo en uno) En nuestros estudios hemos comprobado que no son eficaces para eliminar la grasa de la cocina o los restos de jabón y cal en el baño.
  • No dejes rincones sin enjabonar. Luego, aclara y seca.
  • Cuida la higiene de los utensilios de limpieza.
  • Para limpiar las bayetas, usa agua caliente y jabón (sirve el de pastilla, tipo Lagarto o Chimbo). Es igualmente importante dejarlas secar después de cada uso porque la humedad es terreno propicio para que se instalen los hogos. No está de más desinfectarlas cada 3 días, por ejemplo.
  • No uses un mismo paño o bayeta para todo. Sobre todo nunca utilices la misma bayeta para el inodoro y el fregadero. Para no mezclar gérmenes, no las almacenes ni las laves juntas. Cuando estén sucias, no las metas en la lavadora con el resto de ropa. Mejor lava los trapos aparte.

Por tu seguridad

  • Nunca mezcles la lejía con amoniaco. Se producirían vapores de cloro tóxicos.
  • Lee las instrucciones de uso y las advertencias de peligro.
  • Guarda los productos de limpieza fuera del alcance de los niños.
  • Es mejor también alejarlos de los alimentos. Se han dado caso de personas mayores que han confundido una botella de lejía con una de leche y las consecuencias de una ingestión accidental pueden ser muy graves.
  • No los viertas en otros envases que puedan dar lugar más adelante a confusión. Si alguna vez te ves obligado a hacerlo, conserva la etiqueta del envase original y etiqueta bien el nuevo envase.
  • En caso de intoxicación, debes llamar al teléfono del Instituto Nacional de Toxicología (915 620 420) o al de emergencias 112.

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