La experiencia de compra presenta patrones claros de diseño opaco en la visualización de precios, dificultando que el usuario conozca el coste real del producto de forma directa.
En múltiples flujos, el precio no es visible desde el inicio ni se mantiene consistente a lo largo del proceso, obligando a navegar por variantes, configuraciones o pasos adicionales para entender el importe final.
Este enfoque no es un problema menor de UX, sino que encaja con lo que en diseño digital se conoce como “dark patterns”, concretamente en la categoría de obfuscation, donde se dificulta deliberadamente el acceso a información clave para influir en la decisión del usuario.
En el contexto europeo, donde la normativa de protección al consumidor exige transparencia, claridad y accesibilidad de la información comercial, este tipo de prácticas resulta preocupante y debería revisarse.
No se cuestiona el producto, sino la forma en la que se presenta y comercializa. Actualmente, la percepción es que el usuario tiene que “descubrir” el precio, en lugar de poder evaluarlo de forma directa y consciente.