Anterior

La historia de cómo una inmobiliaria rompió mis planes y se quedó con mis ahorros

En curso Pública

Naturaleza del problema:

Contrato

Tu reclamación

J. J.

A: OCU. Organización de Consumidores y Usuarios

27/02/2026

Todo empezó con la ilusión de un nuevo comienzo. El 26 de junio de 2025, después de mucho buscar desde otra Comunidad Autónoma, encontré una casa que me gustaba. Dos días después, entregué 400 euros como reserva, el primer paso de lo que iba a ser mi mudanza definitiva. Tenía todo un mes por delante para organizar mi vida: estaba buscando trabajo en la zona, ya había hecho amistades allí e incluso había alquilado un trastero para ir mandando mis cosas. Estaba a un paso de empezar de cero, pero no sabía que me estaba metiendo en una ratonera. A partir de ahí, la agente que me llevaba el alquiler convirtió mi ilusión en una pesadilla de ansiedad. Primero empezó a meterme prisas imposibles, exigiéndome que hiciera la mudanza en una semana menos de lo previsto, cuando yo venía de lejos y tenía cajas que enviar y un transporte que organizar. Me dijo que la casa estaba limpia y lista, pero cuando le pedí ver el contrato definitivo y fotos actuales de la vivienda para estar seguro antes de cargar el camión, empezó el juego psicológico: me ignoraba, me borraba mensajes por WhatsApp constantemente y me mandó hasta tres versiones distintas del contrato, a cada cual más confusa. Me quedé en un limbo absoluto. Imaginaos la situación: yo con las maletas casi hechas, sin saber qué contrato iba a firmar y con una persona que me borraba las pruebas de nuestra conversación mientras el tiempo corría. Cuando intenté poner orden y pedí a la empresa que, por favor, nos comunicáramos solo por email para que todo fuera transparente, su respuesta fue el acoso telefónico. Me llamaban desde números desconocidos a todas horas, ignorando mi petición de dejarlo todo por escrito. Al final, me dejaron "en pañales". Me quedé sin la casa, sin la mudanza y, lo que es peor, sin mi dinero. Pero el atropello no acabó ahí. Cuando les reclamé mis 400 euros —un dinero que es mío y que ellos retienen sin haberme dado ningún servicio— y me atreví a contar mi verdad en una reseña pública, pasaron de la negligencia a la agresión. Me dijeron que si quería mi dinero, tenía que pedirles perdón públicamente. ¿Perdón por decir que me habían engañado? Y para rematar esta vergüenza, han intentado usar la justicia como un arma de miedo: me han puesto una denuncia por supuestas "amenazas" simplemente por reclamar lo que me pertenece y por no callarme ante su abuso. Es un mundo al revés: ellos tienen mi dinero, ellos rompieron mis planes de vida y ahora pretenden que yo sea el culpable. No solo me han robado 400 euros; han intentado robarme la tranquilidad y mi derecho a protestar contra una injusticia.


¿Necesitas ayuda?

El tiempo medio de respuesta es de 15 días. Te recomendamos que esperes ese plazo antes de contactarnos.

Información para empresas

Descubra más sobre esta plataforma

Información para consumidores

Descubre más sobre nuestra plataforma