En noviembre de 2025 adquirí un colchón que, con menos de tres meses de uso, presenta un hundimiento evidente y anormal. Desde la primera semana comenzó a deformarse, provocándonos graves molestias y dolores de espalda, empeorando nuestro descanso en lugar de mejorarlo.
He comunicado la incidencia en varias ocasiones y he aportado fotografías. Sin embargo, el fabricante indica que el colchón está “en buenas condiciones”, lo cual no se corresponde con la realidad ni con el estado visible del producto.
El colchón no cumple con su función ni con la calidad esperada de un producto nuevo, por lo que solicito la devolución íntegra del importe abonado, ya que no deseo un reemplazo por el mismo modelo.