Adiós, Silbon.
Después de años siendo cliente habitual —mi hijo y yo— hoy cerramos definitivamente nuestra etapa con vuestra marca. No es una decisión impulsiva, sino consecuencia de una deriva clara en tres aspectos fundamentales:
1. Degradación evidente de la calidad.
El año pasado adquirí una sahariana verde militar que, tras apenas 4 o 5 usos y sin haber sido lavada, perdió el color de forma alarmante. Esto mismo me ha ocurrido con camisas y pantalones. Cuando una prenda falla en su función básica —durabilidad— deja de ser moda y pasa a ser decepción.
2. Política de precios injustificada.
Silbon se ha posicionado como una marca básica con precios que ya compiten con firmas de mayor nivel, diseño y confección. Pero el producto no acompaña. Subir precios sin mantener (o mejorar) estándares es una estrategia cortoplacista que acaba perdiendo clientes fieles.
3. Experiencia de cliente inaceptable.
El detonante final: a mi hijo le regalaron un jersey burdeos por Reyes. Fue a cambiarlo por uno azul en la tienda del centro de Granada y recibió un trato poco profesional. Además, le exigieron pagar 10€ más simplemente por haberse usado un vale. Se sintió incómodo, avergonzado y maltratado como cliente. Eso no es una anécdota: es un fallo de cultura de marca.
Una marca no es solo ropa. Es calidad, coherencia, atención y respeto al cliente.
Silbon ya no cumple ninguno de esos pilares.
Nos despedimos. Terminaremos lo que tenemos, pero no volveremos.