Informe

Los envases de comida rápida bajo sospecha

09 marzo 2017
Química envases cartón

09 marzo 2017

Analizamos la presencia de determinadas sustancias químicas en envases de comida rápida: pizza, hamburguesas, patatas fritas y palomitas. Los de papel y cartón presentan perfluorados (PFAS), unos compuestos que al migrar podrían tener efectos perjudiciales para el medioambiente y la salud. Demandamos una legislación específica europea que los regule.

PFAS: riesgos para la salud

No solo los alimentos pueden tener un impacto en nuestra salud, sino que a veces incluso el envase donde se guardan puede afectarnos tanto por su impacto directo en la salud como por la contaminación del medioambiente.  Las migraciones de sustancias contenidas en los envases nos preocupan. En concreto, la presencia de compuestos perfluorados en los papeles y cartones usados en contacto con alimentos han sido esta vez objeto de nuestro estudio.

Química envases carton

Como compuestos perfluorados o PFAS (siglas para perfluoralquilados) se conoce a un largo número de sustancias que por su estabilidad y propiedades son resistentes a los ataques químicos y además repelen muy bien el agua y la grasa. Por ello son muy útiles en recubrimientos de papel y cartón en contacto con alimentos, especialmente cuando estos son húmedos, calientes y ricos en grasa, ya que permite que el alimento se mantenga caliente y crujiente.

Por estos motivos, los PFAS pueden aparecer en bolsas de palomitas, cajas de hamburguesas, patatas o pizzas y otras preparaciones típicas de la comida rápida. En este caso, además, el riesgo de migración aumenta cuanto mayor es la temperatura, el contenido en grasa o tiempo de contacto

Fast food, un menú que nos tiene en alerta

Nuestro estudio, en el que hemos participado junto con nuestros socios de Euroconsumers (Bélgica, Italia y Portugal), además del Danish Consumer Council, pionero en llevarlo a cabo, consistía en tomar trece muestras de envases por país, 65 productos en total. Para ello, tomamos envases de productos, en su mayoría de comida rápida, más algún otro producto de gran consumo en los que se aúnan un alto contenido en grasa y calor (dos factores que aumentan el riesgo de migración)  y realizamos tres tipos distintos de chequeo:

  • Análisis por barrido de rayos X para saber si había compuestos perfluorados en la superficie de contacto.
  • Cromatografía de gases y detección de emisión de plasma para buscar flúor volátil.
  • Prueba de cantidad total de compuestos fluorados orgánicos.

Los envases de comida rápida bajo sospecha

Los envases que dieron positivo se sometieron a un posterior análisis más detallado para identificar el tipo de PFAS que aparecían y en qué medida. En España solo tres productospresentaron esos niveles lo suficientemente significativos como para empujarnos a profundizar en su estudio. Pero el hecho de que dos fueron bolsas de palomitas de microondas, que además, al alcanzar temperaturas muy altas reúnen las condiciones óptimas para la migración de esas sustancias a los alimentos, lo que no nos hace sentir alivio. Estos fueron los resultados:

  • Cartón de Pizza. En otros países sí se detectó en las cajas de pizza una presencia de compuestos fluorados en algo más de la mitad de las muestras, pero en ninguna de las españolas.
  • Envases de hamburguesas. En España analizamos los de distintas cadenas pero el resultado fue negativo en todos ellos, no así en estas mismas cadenas analizadas en otros países, con peores resultados.
  • Cartones de patatas fritas. Los envases con más muestras conflictivas, si bien solo una, la de Burguer King Satisfries, se recogió en nuestro país.
  • Palomitas. En las dos bolsas de palomitas de microondas examinadas-Eagle Pop Up y Popitas- encontramos valores significativos de PFAS. En cambio, en las muestras de cajas de palomitas de cine no dimos con rastros considerables de las sustancias buscadas.
  • tintas-envases-papel-carton

Los perfluorados están presentes en todos los países y envases

Los resultados de otros países europeos fueron bastante peores que los españoles, pues se detectaron PFAS en casi la mitad de muestras. De hecho, se dio el caso de que un mismo producto de una misma compañía tuviera resultados muy diferentes según el país, lo que acrecienta la sensación de que hay poco control por parte de las empresas.

Cierto es que en la mayoría de casos en los que se han encontrado eran compuestos de cadena corta y, por ello, menos bioacumulables. Algo que indicaría que los fabricantes sí han tenido en cuenta algunas de las recomendaciones emitidas sobre este particular. Además, conviene aclarar que nuestra preocupación no viene de que hayamos detectado valores muy altos o que rebasen los límites fijados por una determinada norma, sino de que el grueso de estos compuestos no están bien estudiados, como tampoco los posibles efectos cóctel entre ellos o con otras sustancias.

Posibles efectos perjudiciales sin regular

Conocer sin asomo de duda los efectos sobre la salud de los PFAS nos exigirá todavía mucha investigación. Pero hay ya indicios inquietantes. Estudios en zonas de producción industrial de estas sustancias indican una relación con ciertos tipos de cáncer. Además, parte de estos compuestos se consideran sospechosos de conllevar efectos disruptores endocrinos, de alterar los niveles de estrógenos o de testosterona o de ser inmunodepresores.

También hay que tener presente que diversos organismos internacionales como la OCDE han hecho recomendaciones para fijar límites y buscar alternativas. Destaca la Declaración de Madrid de 2015, mediante la que más de 200 científicos establecieron los peligros potenciales de los PFAS y pidieron alternativas de cadena corta y no fluoradas para sustituirlos. Pese a todo, la legislación al respecto es todavía muy parca. Concretamente en España solo hay una normativa general muy vaga, que indica que los materiales en contacto con los alimentos deben ser seguros e inertes y no alterar los alimentos.

PFAS: riesgos para la salud

Demandamos una legislación específica europea

Falta una legislación más específica, tanto nacional como sobre todo europea, y armonizada en todos los países miembros donde se establezcan límites a determinadas sustancias y se especifiquen cuales son aptas para estar en contacto con alimentos. Es necesario y urgente estudiar los efectos de estos compuestos, así como su interrelación con otras sustancias, y siguiendo el principio de precaución se debe regular de forma clara y segura para los consumidores las sustancias que pueden contener aquellos envases donde se almacena o se consumen alimentos.

Desde OCU nos hemos puesto en contacto con la Ministra de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medioambiente y con la directora ejecutiva de AECOSAN, transmitiéndoles nuestra preocupación por la casi inexistente legislación sobre las condiciones que deben reunir el papel y cartón que estén en contacto con alimentos. Además, hemos pedido su implicación para impulsar esta normativa como había solicitado ya, por otra parte, el Parlamento Europeo.