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Disruptores endocrinos: preguntas y respuestas

29 mayo 2013

29 mayo 2013

El aumento de problemas hormonales en las últimas décadas o de enfermedades como las cardiovasculares, la diabetes o la obesidad, podría estar relacionado con estas sustancias tan presentes en nuestras vidas. ¿Sabes qué son y dónde están? Te lo contamos.

¿Qué son y cuántos hay?

Son sustancias químicas capaces de alterar el sistema hormonal, por eso también se les conoce como alteradores  o disruptores endocrinos. La mayoría han sido sintetizadas por el hombre.

Los nombres de algunas de ellas: dioxinas, furanos, PCB, bisfenoles, alquilfenoles o benzofenonas (derivados de procesos industriales); ftalatos o retardantes de llama bromados (asociados a plásticos); hormonas sintéticas que se utilizan para el engorde del ganado o para algunos tratamientos médicos, como los anticonceptivos; algunos pesticidas, como el DDT o el endosulfán; herbicidas como la atrazina; metales pesados, como el cadmio; ciertos filtros UV utilizados en los protectores solares; algunos conservantes usados en muchos productos cosméticos...

Disruptores endocrinos

El número de estas sustancias va creciendo año tras año. La Unión Europea, por ejemplo, en una base de datos del año 2007, incluyó como posibles alteradores endocrinos a 553 sustancias químicas. Dentro de ellas hay 197 que han demostrado que producen alteraciones hormonales en animales. Y entre ellas, 17 están autorizadas para ser usadas en cosméticos.

Sin embargo, la OMS, en un reciente informe, apunta a unos 800 compuestos sospechosos.

¿Dónde están?

Los disruptores endocrinos están por todas partes. Se encuentran en el agua, aire y en todo tipo de productos cotidianos de uso doméstico, médico, industrial, agrícola, etc. Por ejemplo, los hay en pegamentos, barnices, ropa, cosméticos, juguetes, productos de limpieza, ambientadores, plásticos, envases de alimentos, tuberías del sistema de canalización del agua, cables eléctricos, coches, muebles... Por eso lo más habitual es que todos estemos expuestos de forma permanente a estas sustancias, aunque en dosis muy pequeñas. Y como son muchas diferentes, se habla de un efecto cóctel.

¿Cómo actúan?

Son sustancias que pueden penetrar en nuestro organismo a través de lo que ingerimos, inhalamos o por contacto de la piel.

Los disruptores endocrinos actúan mimetizando la acción de las propias hormonas y potenciando sus efectos o, por el contrario, bloqueando o inhibiendo su acción, modificando así su impacto en el organismo. También se pueden unir a proteínas transportadoras sanguíneas, alterando la concentración natural de las hormonas circulantes. Además, pueden interferir con algunos procesos metabólicos.

Disruptores endocrinos salud

Efectos sobre la salud humana

Hasta ahora solo se ha demostrado que son una amenaza para la salud de ciertas especies de animales. En nuestra especie, las investigaciones no han avanzado lo suficiente como para poder hablar de un riesgo seguro para la salud. Tampoco se sabe cómo nos está afectando el hecho de que estemos expuestos a muchos de ellos a diario de forma combinada (lo que se conoce como efecto cóctel). Por eso es necesario que se hagan estudios sobre su seguridad y, ante la duda, utilizar el principio de precaución.

Aun así, la sospecha de que puedan ser nocivos ya ha movilizado a muchos gobiernos, incluso a la Comisión Europea. Una prueba de ello es que ya hay un buen número de sustancias que se han prohibido: DDT, PCB, etc.

La Organización Mundial de la Salud, en su reciente informe sobre disruptores endocrinos, destaca que en el ser humano se está produciendo un aumento de desórdenes relacionados con el sistema hormonal: más tasas de infertilidad y de problemas reproductivos o de tiroides, aumento de cánceres relacionados con las hormonas. También  apunta a que podría haber una relación entre estos compuestos y la creciente incidencia de algunas enfermedades como las cardiovasculares, la obesidad, la diabetes o las alteraciones de comportamiento en los niños.

¿Quiénes son los más sensibles a sus efectos?

Los niños y fetos. Por ello se deberían extremar las medidas de precaución con los niños y las mujeres embarazadas.

Los adultos sanos, en principio, tienen menos riesgo debido a que su sistema hormonal dispone de un mecanismo que tiende a reajustar los posibles desequilibrios. Por eso puede ocurrir que los efectos en esta etapa sean muy escasos, tarden varios años en manifestarse o incluso no lleguen a hacerlo.

¿Qué opina la OCU sobre estas sustancias?
  • Los consumidores deberían tener información para poder elegir.
  • Sería preciso hacer muchas más pruebas e investigaciones para garantizar la inocuidad de estas sustancias químicas. Y, por precaución, en caso de dudas, habría que reducir o evitar su uso, sobre todo cuando exista otra alternativa más segura. Sería deseable incluso su progresiva eliminación.
  • Es imprescindible adoptar medidas de prevención para minimizar la exposición a estos compuestos, sobre todo en niños o fetos.
  • Hacen falta acuerdos internacionales, pues de poco vale que en un país o región se prohíban unas sustancias, mientras se sigan utilizando en otros. La química no sabe de fronteras.