Hola. Mi nuera, estando en compañía de su bebé y su hermana, solicitó un servicio de cerrajero el sábado 27 de diciembre tras haber dejado puesta la llave de casa por dentro. Llamaron al número localizado en la web “https://cerrajeroscentro.org/?utm_source=gbp&utm_medium=organic&utm_campaign=gbp_website” quien, tras contarle el problema, cotizó el servicio en 80€ + IVA, lo aceptaron y le comentaron que mandarían a un cerrajero en un plazo de alrededor de 30 minutos.
Cuando el cerrajero llegó comentó que parecía que el problema era más grave porque, según afirmaba, los bombines interior y exterior no estaban directamente conectados sino que estaban separados por un “embrague” y que la dinámica era más complicada. Comentó que iba a intentar “traspasar” el embrague valiéndose de una ganzúa pero que las probabilidades de éxito eran muy bajas. En caso de que no fuera posible iba a tener que utilizar un taladro y reemplazar la cerradura y ese servicio serían 380€ + IVA. En ese momento contactaron con el casero (es una casa de alquiler) para comentarle la situación y dijo que eso ya había sucedido anteriormente y que se podía abrir sin problema con una radiografía. Se le trasladó lo que dijo el casero e intentó abrirlo con la ganzúa. En menos de 2 minutos consiguió traspasar el freno. En ese momento comunicó el precio de 380€ + IVA, y le respondieron que ese no era el precio que había dicho ya que no se había tenido ni que taladrar ni cambiar la cerradura. Contestó que sí que eso era lo que había dicho independientemente del taladro y el cambio de cerradura. A continuación, entregó para firmar tanto el presupuesto como la factura cuya descripción era “Apertura de puerta” por un importe final de 380€ + IVA. Como se puede observar en los documentos que se adjuntan, en la factura que se envía con posterioridad sí que viene descrito el servicio con mayor detalle, a diferencia de la original cuyo detalle era totalmente generalista.
Mi nuera, no encontrándose en sus plenas capacidades por estar ocupándose de un bebé que demandaba su atención, finalmente firmó tanto el presupuesto como la factura. El cerrajero no le dio de vuelta copia ni de la factura ni del presupuesto. A continuación, solicitó el pago con tarjeta y dijo que el datáfono lo tenía un compañero suyo que estaba intentando aparcar. Al verse saturada por la situación, llamó a mi hijo quien acudió en ese momento e intentó, junto con su cuñada, trasladarle al cerrajero que ese precio no era el que se había comunicado y que, además, era desorbitado por un servicio inferior a dos minutos en el que solo usó una ganzúa. En ese momento, tras no llegarse a acuerdo, se solicitaron los servicios de la policía nacional. Por recomendación de la policía, pagaron el servicio y a través de esta plataforma requieren asistencia para “demandar” esta situación de precio abusivo, por encima de mercado y que en ningún momento fue lo que se había acordado.