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El huerto urbano echa raíces

09 octubre 2017
Huerto urbano

09 octubre 2017

El consumo colaborativo sigue plantando su simiente. Los huertos compartidos son una tendencia consolidada en Europa y germinan también en España. Juntarse para cultivar la tierra, a menudo en un entorno urbano, reconectando así con el barrio y con la naturaleza.

Regresar a la naturaleza sin tener que cambiar de barrio. El verbo a conjugar es compartir. A veces solo conocimientos y tiempo. Otras veces el propio huerto y sus materiales (semillas, estiércol, maquinaria...), cuidándolo entre varios de manera comunitaria.

Cuesta arrancar y el horizonte del autoabastecimiento queda lejano (aunque sería posible para una familia que contase con una parcela de unos 100 metros cuadrados).

Las fórmulas para sacar adelante un huerto compartido son variadas:

Huertos urbanos con permiso del Ayuntamiento

"Cuanto más grande es nuestra ciudad, menos conectados estamos con el campo", lo que nos lleva a la interesante opción de los huertos urbanos. 

Ganarle metros al asfalto a base de hortalizas, ya sea para reconectar con la naturaleza, para consumir lo cultivado, para encontrar un futuro profesional... O incluso como primer paso de un recorrido soñado que podría finalizar con una mudanza al campo.

Urbanitas con diversas motivaciones que se juntan en torno a las azadas y mejoran la calidad de terrenos hasta entonces abandonados (solares ruinosos y contaminados).  

Este movimiento nació en Reino Unido y es especialmente activo en Londres, Berlín y Múnich. En esta última ciudad hay más de 50.000 agricultores urbanos para una población de 1,3 millones (en torno al 4% de los vecinos). Estos datos contrastan con la realidad española, donde los ayuntamientos se resisten a ceder terrenos (con excepciones notables como Vitoria, Barcelona, y Zaragoza).

Plataformas vecinales en las ciudades

Si el ayuntamiento no colabora, siempre queda la opción de sacar el huerto adelante con el apoyo de plataformas vecinales como las que existen en Sevilla y Madrid.

El portavoz de la Red de Huertos Comunitarios madrileña, Pablo Llobera. Considera que la falta de conocimiento no es una barrera si se suple con entusiasmo. En su opinión el verdadero problema del horticultor urbano es la falta de tiempo libre.

Aunque Llobera admite que el huerto comunitario no llega a ser una solución para el autoconsumo, destaca sus virtudes como trampolín para participar más en la vida del barrio, crear redes de trueque y grupos de consumo, hacerse preguntas sobre el origen de los alimentos...

Huertos educativos

El huerto comunitario también ha encontrado su hueco en la educación. Los huertos escolares empiezan a florecer en diferentes colegios para acercar a los alumnos a la realidad de la agricultura.

La Fundación Triodos, junto a la Asociación Vida sana, ha lanzado la iniciativa www.huertoseducativos.org, un portal web colaborativo en el que los huertos ecológicos se convierten en una herramienta para promover la educación en torno a la economía y la ecología. Además de ser una herramienta de aprendizaje, esta web quiere ser un escaparate para que los distintos colegios puedan buscar financiación a través de crowdfunding.

 


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