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Consumo de sal e hipertensión

26 enero 2010

26 enero 2010

Un consumo elevado de sal tiene efectos sobre la tensión arterial de muchas personas (auqnue no en todas). A los pacientes con hipertensión se les recomienda una dieta pobre en sal: en muchos casos, basta reducir la ingesta de sodio para que las cifras de tensión vuelvan a valores normales. 

Está demostrado que la presión arterial elevada se relacionaba de manera clara con la ingestión de sodio.

Además, diversos estudios han observado que en sociedades o en comunidades con un consumo de sodio bajo no se registran los aumentos de tensión asociados con la edad que aparecen en sociedades industrializadas, donde se toma más sal.

También se ha constatado que disminuyendo la ingestión de sodio, la presión arterial desciende en las 24 horas siguientes.

Pero a pesar de estos hallazgos, un consumo elevado de sal no produce hipertensión en todas las personas. Ciertos segmentos de la población se consideran sensibles a la sal porque su presión arterial se ve afectada por el consumo de ésta, mientras que otros individuos no reaccionan de esta manera. Actualmente, se estima que entre el 40% y el 60% de los hipertensos responde a la sal, pero resulta muy difícil identificar a estas personas.

También se ha visto que en la población con una tensión arterial normal hay personas “sal sensibles”: al aumentar su ingesta en sal se produce un aumento de la presión arterial, a pesar de que no sean hipertensos.

A todos los pacientes con hipertensión se les recomienda siempre una dieta baja en sal , ya que en algunos casos la restricción del sodio es suficiente para normalizar la tensión arterial. Cuando esta medida no basta y se requiere medicación, la limitación del sodio mejora de todas formas la eficacia de los fármacos facilitando el control de la tensión con dosis menores de medicamentos.


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