No solo hay retrasos en las entregas, sino que, en ocasiones, los paquetes ni siquiera llegan a su destinatario. Cuando llamas para reclamar, te informan de que el envío ha sido entregado a una persona que no es el destinatario, y en lugar de asumir su responsabilidad, te remiten al comercio donde realizaste la compra.
Es inadmisible que una empresa de mensajería se desentienda de un error cometido durante la entrega y traslade toda la responsabilidad al remitente, que no tiene ninguna culpa de su incompetencia. El cliente paga por un servicio de entrega seguro y correcto, no por tener que gestionar las consecuencias de una negligencia ajena.
La falta de responsabilidad, la mala gestión de las incidencias y la ausencia de soluciones demuestran una atención al cliente completamente deficiente. Un servicio de estas características es inaceptable.