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El consumo colaborativo que se avecina

17 junio 2015
colaborativo

17 junio 2015

La tecnología permite a la gente conectar de formas diferentes y la economía colaborativa es uno de los mejores ejemplos. Te presentamos las últimas tendencias relacionadas con el consumo colaborativo. Un sistema que poco a poco cuenta con más adeptos y que incorpora nuevas posibilidades.

El consumo colaborativo es un sistema mediante el que los particulares se ponen en contacto para un intercambio económico, a través de una plataforma digital. La gente contacta a en internet para compartir un producto o servicio en la vida real. Es, por lo tanto, una reinvención del intercambio tradicional, el trueque, los préstamos, el comercio, el alquiler y las donaciones, a una escala mucho mayor, gracias a la tecnología.

Para entender mejor cómo puede afectar la economía colaborativa al consumo, hemos ido al OuishareFest 2015 en París, el mayor congreso internacional sobre economía colaborativa, que celebraba su tercera edición.

Las plataformas

Hemos encontrado plataformas sin ánimo de lucro, como los bancos de tiempo o redes de trueque, y otras que consisten en negocios digitales descentralizados, que permiten generar beneficios a sus usuarios a cambio de una comisión.

La economía entre particulares está impactando en todas las áreas de la sociedad: Blablacar en el transporte (para compartir costes compartiendo trayecto), Couchsurfing para dormir gratis en la casa de otras personas, Ulule para financiar proyectos creativos entre la comunidad, o Socialcar para alquilar tu propio coche.

Hay todo tipo de plataformas tratando de encontrar su sitio: desde enormes multinacionales internacionales como Airbnb (alquileres de casa entre particulares) o Uber (transporte urbano entre particulares), hasta pequeñas iniciativas locales como Sharing Academy (clases particulares entre universitarios).

El crowdfunding puede aportar innovación al mercado. Un buen ejemplo es el primer wearable, el Pebble smartwatch, crowdfinanciado a través de la plataforma Kickstarter, antes incluso de que Apple invirtiera en wearables.

El rol del prosumidor

El mercado laboral también está cambiando, y no está claro si la economía colaborativa será parte del problema o de la solución.

El rol del prosumidor que obtiene micro ingresos de distintas fuentes no encaja en ninguna de las categorías actuales: ni profesionales, ni autónomos, ni freelancers. Ésta es la principal polémica de la llamada “economía bajo demanda” que incluye a los conductores de Uber, a los solucionadores de Etecé o a los trabajadores del hogar de Eslife. En un contexto de precariedad de la clase media, con los contratos de trabajo indefinidos de capa caída, aún no sabemos si la economía bajo demanda nos va a llevar hacia un panorama en el que todos acabemos convirtiéndonos en “prosumidores pujando por el menor coste” o “ciudadanos con un derecho legítimo a sacar beneficios de nuestros recursos”.

Impacto social

Sin embargo, todavía hay muy pocos datos sobre el impacto real del consumo colaborativo en la sociedad. En este sentido, el estudio que ahora estamos realizando desde OCU intentará aportar un poco más de luz a los consumidores sobre el impacto real del consumo colaborativo. Asimismo, trataremos de influir en las plataformas para que sean coherentes con los valores de comunidad que transmiten.

Reputación portátil

En el futuro, la reputación generada en una plataforma, será exportable a otras webs. Ya hay en marcha algunos sistemas como la española  Traity, que están consiguiendo que los consumidores puedan sacar ventaja de una buena reputación (incluso consiguiendo descuentos en seguros o contratos por ser un “buen ciudadano”). Aun así, todavía hay muchas preguntas abiertas sobre el tema de la privacidad y del uso de big data por parte de terceros.

¿Qué será lo siguiente?

Se rumoreaba que la siguiente revolución se llamará “blockchain”, una tecnología que está en la base de la moneda digital “Bitcoin” o del sistema “Ethereum”, que abre nuevas posibilidades para una economía diferente. Es una base de datos criptográfica, a la que se pueden aportar datos, pero no quitarlos ni modificarlos. Una tecnología que permite conexiones completamente distribuidas bajo unas reglas especificadas en el código del proyecto, con múltiples aplicaciones para el trabajo colaborativo, el conocimiento abierto o el internet de las cosas. Seguiremos observando atentamente posibilidades para mejorar la vida de los consumidores en el futuro.


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