Compré en SKLUM un conjunto de iluminación y decoración, pero el pedido llegó incompleto. Durante casi un mes tuve que estar detrás de la empresa día tras día para conseguir que me entregaran los artículos que faltaban, recibiendo información contradictoria y sin una solución clara.
Ante esta situación, me preocupaba que siguieran transcurriendo los plazos para reclamar los productos que ya había recibido. Lo consulté expresamente con atención al cliente y me tranquilizaron. Sin embargo, cuando finalmente abrí el espejo, estaba completamente roto. Lo comuniqué y aporté fotografías, pero SKLUM rechazó mi reclamación porque, según ellos, había superado el plazo por apenas unos días.
La impotencia es enorme: después de semanas intentando conseguir que cumplieran con la entrega completa, la empresa utiliza precisamente el tiempo transcurrido para desentenderse del producto roto, pese a que yo había advertido de mi preocupación por los plazos y había recibido tranquilidad por parte de atención al cliente.
Presenté una reclamación formal y acudí a Consumo de la Comunidad de Madrid para intentar resolver el conflicto. La intermediación terminó sin solución porque SKLUM ni siquiera presentó alegaciones.
No se trata únicamente del dinero perdido por la compra, sino de la falta de responsabilidad y de voluntad de resolver una incidencia que he intentado solucionar por todas las vías. Las incidencias pueden ocurrir, pero no es aceptable que el cliente tenga que perseguir a la empresa durante semanas y que después se le niegue una solución por el tiempo transcurrido.