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Negligencia en la gestión de una agresión

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A. V.

A: IKEA

07/07/2026

Ayer, día 6 de julio 2026 sobre las 21.00, fui al restaurante de la segunda planta de Ikea Badalona para cenar con mi marido, Xavier Fortuny Capdevila. Había muy poca gente a esa hora. Empezamos a pedir a través de la única máquina que aceptaba el pago en efectivo y, como faltaban la opción de la ensalada verde, fuimos a preguntar al mostrador y tardamos un par de minutos más. Detrás nuestro, a cierta distancia, había una chica adolescente comiendo un helado. No le hicimos demasiado caso al principio, porque pensábamos que ya estaba servida y esperaba a alguien. Cuando empezó a acercarse y a quejarse que tardábamos tanto “para una ensalada de m...”, le dijimos que se calmara, que la máquina no funcionaba. En efecto, una vez marcada las opciones de menu, no nos aceptaba el billete de 20€ y se bloqueó, mostrando un mensaje según el cual tenía que venir un empleado a solucionar el problema. El empleado no venía y la chica seguía insultando sin motivo. “Espero que te escupan en la ensalada, chupap...”, dijo. Se le sumaron la madre y la hermana, chillando sin razón. Lo único que le dije yo fue que se le había caído la nata del helado en los dedos del pie. La madre en cambio me acusaba de haberme metido con la “niña”, que ya debía tener una edad bastante madura. Le contesté que había sido la chica a empezar y me giré ignorándolas. Se fueron a otra máquina como para pagar con tarjeta, un pedido que no creo llegaron jamás a finalizar. Desde allí, las 3 seguían increpándome a mí y a mi marido. Mi marido fue a buscar a un empleado al mostrador, yo me quedé delante de la máquina con los brazos cruzados. Oí comentarios sobre mi pelo, el de mi marido, mis gafas, y que seguramente no entendía lo que me estaban diciendo porque me escucharon hablar italiano. Las miré, me quité las gafas y les envié un beso irónico. Le dije a la chica que no se hiciera daño con las uñas tan largas que llevaba. La chica me lanzó algo que no sé si era un peluche o un monedero. Yo lo ignoré. La madre empezó a amenazarme que me habría dado un “guantazo” si no hubiese estado embarazada (dudo que lo estuviera de verdad). Yo me giré y les dije que lo intentara. La chica se acercó como para recuperar el juguete y me dió una patada en el muslo derecho. Me giré para cogerla y se interpusieron otros clientes para apartarnos. Un hombre se me puso delante como para hacerme de escudo porque venía la madre para darme una bofetada y en parte él la ha desviado, pero yo he notado el escozor en la sien. Saqué el móbil de la riñonera para grabar o para llamar el 112, pero tanto la madre como las hijas se fueron y nadie les paró. El hombre que me protegió se ofreció para hacerme de testigo si las quería denunciar. Hay cámaras de vigilancia en todo el restaurante, y una o dos seguramente han grabado toda la escena muy claramente. Ningún empleado intervino ni llamó a los guardias y lo encuentro una negligencia muy grave. He ido al médico por el hematoma que me han dejado y tengo el parte con el que voy a denunciar tanto a las agresoras como a la tienda. Puede que la intención de las 3 mujeres fuera crear una distracción para robar. O quizás querían provocar una reacción violenta en mí o en mi marido para luego acusarnos de ser los agresores de una mujer embarazada y 2 menores. Una señora con hijab que estaba cenando y que se había levantado para interponerse entre yo y las 3 agresoras, se me acercó para decirme que no valía la pena meterme con ellas, como si las conociera y siguieran un patrón bien ensayado. Todo este riesgo para los clientes de IKEA Badalona se puede prevenir con más presencia de personal y con una actitud más proactiva hasta la hora del cierre.


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