Estimados señores de Correos,
Me gustaría trasladarles mi admiración por la constante innovación de su compañía. En esta ocasión he tenido la oportunidad de disfrutar de un nuevo concepto logístico que, sinceramente, desconocía: la entrega a domicilio sin necesidad de entregar a domicilio.
Durante tres días, mis hijos permanecieron en casa esperando un paquete. Ingenuamente pensábamos que la modalidad "entrega a domicilio" implicaba que alguien aparecería por la puerta, llamaría al timbre o, en un alarde tecnológico, incluso intentaría contactar con nosotros.
Sin embargo, Correos ha demostrado que esos métodos tradicionales han quedado obsoletos.
La sorpresa llegó cuando recibí la notificación indicándome que el paquete estaba en la oficina postal y que debía ir yo a recogerlo. No porque no hubiera nadie en casa. No porque hubieran intentado entregarlo sin éxito. Simplemente porque sí.
Debo reconocer que me impresionó especialmente la capacidad de realizar una entrega fallida sin efectuar ningún intento de entrega. Es una eficiencia difícil de igualar.
Quiero dejar claro que esta reclamación no va dirigida contra el personal de la oficina, que me atendió de forma muy amable y profesional cuando llamé para preguntar qué había ocurrido. De hecho, gracias a ellos pude confirmar que mi paquete estaba allí y conocer las fascinantes reglas del juego.
Según me explicaron, mis hijos podían recoger el envío, pero para ello debían recorrer más de 30 minutos hasta la oficina llevando una autorización. Y aquí llega otra joya del proceso: la autorización debía estar en papel impreso. Una fotografía en el móvil no servía. Estamos hablando de 2026, año en el que podemos firmar hipotecas digitalmente, operar cuentas bancarias desde el teléfono y acceder a la administración electrónica, pero para recoger un paquete sigue siendo imprescindible el ancestral ritual del papel.
Al comentar que en casa no tenemos impresora y proponer enviar la autorización por correo electrónico directamente a Correos, la respuesta fue negativa. La solución sugerida fue que mis hijos fueran primero a una imprenta para imprimir el documento y posteriormente a la oficina para recoger el paquete.
Debo agradecer esta propuesta, ya que desconocía que la recogida de un paquete podía incluir una actividad cultural complementaria relacionada con el descubrimiento de establecimientos de impresión locales.
Tampoco fue posible trasladar el envío a un CityPaq para recogerlo fuera del horario de oficina. Porque, evidentemente, si un cliente no puede acudir a una oficina abierta de 08:30 a 14:30, lo lógico es impedirle también cualquier alternativa que pudiera facilitarle la vida.
Resumiendo la experiencia:
- Se contrata una entrega a domicilio.
- No se intenta entregar en el domicilio.
- El paquete se deposita directamente en una oficina.
- La oficina abre precisamente en horario laboral.
- No puede redirigirse a un CityPaq.
- Para autorizar a otra persona es necesario encontrar una impresora en pleno siglo XXI.
Todo ello con la enorme ventaja de que el destinatario acaba realizando personalmente una buena parte del trabajo logístico.
Por este motivo, agradecería conocer:
- En qué momento se intentó la entrega en mi domicilio.
- Si existe algún registro de dicho intento.
- Qué criterio permite depositar directamente un envío en una oficina sin intentar entregarlo.
- Por qué no existe una alternativa digital para autorizaciones de recogida.
- Por qué no puede redirigirse el paquete a un CityPaq cuando el cliente no puede acudir en horario de oficina.
Agradezco nuevamente la amabilidad del personal que me atendió. Mi queja no es hacia ellos, sino hacia un sistema que parece diseñado para que el cliente termine preguntándose si ha contratado una entrega a domicilio o una gymkana administrativa.
Atentamente,