Me inscribí en Wall Street English hace siete meses y durante todo ese tiempo fui constante y cumplí con mis pagos porque en ese momento tenía las condiciones económicas, mentales y emocionales para hacerlo. Pero mi situación cambió completamente.
El 6 de septiembre escribí por WhatsApp a Wall Street English para informarles de que ya no podía continuar pagando el curso y pedirles su cancelación. Avisé con antelación precisamente porque mi nombre está vinculado a una financiera y quería evitar impagos, recargos y problemas económicos.
Hoy, 16 de septiembre, estoy desempleada y atravesando un cuadro depresivo fuerte, con crisis de ansiedad. Hace apenas unas semanas superé un intento de suicidio y actualmente estoy intentando salir adelante y reconstruir mi vida. No menciono esto para generar lástima, sino para explicar la gravedad real de la situación en la que me encuentro.
A pesar de haber avisado el 6 de septiembre, recibí posteriormente un mensaje de Segura, la financiera que gestiona los cobros, informándome de que debía realizar el siguiente pago. Volví a contactar con Wall Street English y finalmente me llamó María, la misma persona que me vendió el curso. Le expliqué que estoy desempleada, que no tengo capacidad económica para continuar y que, en este momento, tampoco me encuentro en condiciones mentales ni emocionales para seguir con el curso.
Durante esa conversación sufrí una crisis de ansiedad en plena calle, hasta el punto de sentir que casi me ahogaba, mientras le pedía que, por favor, me ayudara porque no puedo pagar.
La respuesta fue que “son las condiciones del contrato” y que no se puede cancelar. Sin embargo, cuando busco el contrato, no tengo ningún documento que pueda consultar donde pueda leer esas condiciones. Por eso pedí hablar con atención al cliente o con alguien que pudiera revisar mi caso y tomar una decisión. La respuesta fue que María, la misma persona que me vendió el curso, es también atención al cliente.
Y esto es precisamente una de las cosas que más me ha indignado de toda esta situación: me parece inaudito que la misma persona que te vende el curso sea también quien se encargue de la atención al cliente, de la atención relacionada con el cobro y de gestionar una situación como la que estoy atravesando. Yo pensaba que una empresa como Wall Street English tendría diferentes departamentos y, especialmente, algún área capaz de atender situaciones excepcionales cuando un cliente atraviesa circunstancias económicas o personales graves.
Posteriormente intenté contactar con Segura, pero no conseguí hablar con ninguna persona real. Sus canales me derivaron a un sistema automatizado o al correo electrónico. A través de sus canales digitales se me indicó que la única forma de detener los cobros es que Wall Street English cancele el curso. De esta manera, me encuentro en medio de dos partes: Wall Street English dice que no puede cancelar y Segura dice que necesita que Wall Street English lo haga.
Y mientras tanto, soy yo quien queda expuesta a nuevos cobros y posibles recargos por una cantidad que no tengo posibilidad de pagar.
Quiero dejar claro que no estoy intentando aprovecharme de nadie ni pretendo que los siete meses que estudié sean gratuitos. Cumplí mientras pude. Lo que ha cambiado es mi situación personal y económica. Nadie se inscribe en un curso pensando que meses después puede quedarse desempleado, atravesar una depresión, sufrir crisis de ansiedad y llegar al punto en el que yo me encuentro hoy.
Lo más preocupante para mí es que yo avisé. Lo hice el 6 de septiembre, antes de que llegara este nuevo cobro. Lo comuniqué precisamente para evitar llegar a una situación de impago y porque ya sabía que esto me iba a generar una ansiedad y una preocupación que ahora mismo no puedo sostener.
En este momento estoy intentando salir adelante y reconstruir mi vida después de haber pasado por una situación extremadamente grave. Y, aun así, tengo que enfrentarme a la angustia de no saber cómo voy a pagar algo para lo que literalmente no tengo dinero.
Por todo esto, quiero dejar públicamente constancia de mi profunda decepción con Wall Street English y de la forma en la que se está gestionando mi situación. Hago responsable a Wall Street English de haber sido debidamente informado de mi situación y de las consecuencias que pueda generar sobre mí continuar con estos cobros después de haber comunicado con antelación que no puedo asumirlos.
No estoy pidiendo lástima. Estoy intentando vivir, salir adelante y recuperar mi vida. Y resulta profundamente angustiante que, en un momento así, una empresa a la que durante siete meses cumplí y pagué puntualmente no sea capaz de ofrecer, al menos en mi experiencia, una atención diferente a la de la misma persona que me vendió el curso.
Pensé que detrás de una empresa como Wall Street English había más departamentos, más personas y más capacidad para atender situaciones excepcionales.
Hoy, sinceramente, me siento completamente decepcionada y abandonada en medio de un problema que yo misma avisé con antelación que no podía sostener. Y necesito una solución ante tal situación.