Compré un Jeep Compass en julio de este año, a nombre de mi padre, persona con movilidad reducida. Desde el mismo día de la entrega comenzaron los problemas.
Al recoger el vehículo, el cuadro indicaba una autonomía aproximada de 120 km. Sin embargo, después de recorrer apenas 2600 metros, el coche se detuvo y apareció en el cuadro de instrumentos un aviso de fallo grave de motor. Al día siguiente, en el taller me informaron de que el vehículo simplemente se había quedado sin gasolina y me indicaron que, al ser nuevo, no debía fiarme de la autonomía que mostraba. Considero que, si esto es así, deberían habérmelo explicado en el momento de la entrega y advertirme de que debía acudir inmediatamente a una gasolinera y no fiarme del dato de autonomía. Resulta difícil de entender que un vehículo nuevo, que no es barato precisamente, se entregue con una cantidad tan miserable de combustible y no te hagan las explicaciones oportunas
Superado este primer incidente, el 9 de agosto salí de Barcelona en dirección a Tarifa para pasar las vacaciones con mi mujer y mis hijos. El coche tenía entonces 890 km. de vida
El 12 de agosto de 2026, con unos 2.300 km, mientras me encontraba en Algeciras, el motor se detuvo repentinamente y el vehículo quedó bloqueado mostrando un mensaje de “fallo de propulsión”.
Ahí comenzó un auténtico calvario que, a día de hoy, 1 de noviembre, sigue sin estar completamente resuelto.
Una grúa trasladó el vehículo al concesionario Jeep de Algeciras. Pese al volumen de trabajo que tenían, me atendieron muy amablemente y revisaron el coche, pero me comunicaron que debía quedarse allí porque en ese momento no podían determinar el origen de la avería.
Me puse en contacto con Jeep para saber cómo trasladarían el vehículo de vuelta a Barcelona una vez reparado. Para mi sorpresa, me indicaron que debía recorrerme toda España yo personalmente hasta Algeciras para recogerlo, ya que ellos no se hacían cargo del traslado.
Ante esta situación, contacté con mi aseguradora. Me confirmaron que podían trasladarlo a Barcelona, pero el vehículo debía viajar sin reparar y la reparación tendría que realizarse una vez llegado a destino. Además, el transporte podía demorarse más de 15 días, ya que debían esperar a agruparlo con otros vehículos.
Mientras tanto, Jeep me facilitó un vehículo de sustitución que tuve que desplazarme a recoger a Marbella y pude finalmente regresar con mi familia a Barcelona.
Semanas después, mi aseguradora me informó de que mi coche sería retirado del concesionario de Algeciras y llevado a una base logística desde la que posteriormente sería transportado a Barcelona.
En ese momento, al considerar Jeep que mi vehículo ya no se encontraba físicamente ni en su concesionario de Algeciras ni en uno de Barcelona, decidió retirar la cobertura del vehículo de sustitución, dejándome sin coche mientras mi Jeep seguía averiado y en proceso de traslado.
Para empeorar la situación, me enteré prácticamente por casualidad de que debía haber devuelto el vehículo de sustitución tres días antes. Como consecuencia, tuve que asumir personalmente el coste correspondiente a esos tres días.
Finalmente, mi Jeep llegó a Barcelona y después de más de un mes intentando conocer el origen de la avería, me informaron de que el problema se debía a un relé defectuoso.
Todo lo que relato es completamente verídico. Durante este proceso he dedicado innumerables horas a llamadas con Jeep para intentar gestionar los vehículos de sustitución, conocer el estado de mi coche y conseguir información sobre una avería que se produjo en un vehículo prácticamente nuevo.
También envié un correo electrónico y un burofax reclamando, como mínimo, el reembolso de los tres días del vehículo de alquiler que tuve que pagar. La respuesta recibida, lejos de solucionar el problema, me ha resultado totalmente insatisfactoria.
Después de esta experiencia, he perdido por completo la confianza tanto en la fiabilidad del vehículo como en el servicio posventa de Jeep. A mis 50 años puedo decir que ha sido, con diferencia, la peor experiencia de compra que he tenido en mi vida.
Una de las utilidaes principales que tiene este vehiculo es trasladar y dar soporte a una persona vulnerable, quien utiliza una silla de ruedas electrica y necesita un coche grande para transportarla, todo esto ha supuesto un inconveniente a nivel de logistica para él y para el resto de la familia, con la interrupción de las vacaciones familiares, los problemas de movilidad, las innumerables horas dedicadas a llamadas y gestiones y el desgaste que toda esta situación me ha generado.
Mi intención ahora es estudiar las acciones legales correspondientes, ya sea con el apoyo de la OCU o mediante un abogado particular.
La matricula de mi coche es 8508-NPN por si alguien de Jeep quiere comprobar en la infinidad de expedientes que se me han abierto en este periodo, aunque no tengo ninguna confianza en que esto se vaya a producir.