Contraté con Gibtel Energy en San Fernando la instalación de gas natural y la sustitución de mi calentador. Desde el primer momento se me presupuestó un importe de 515 € y se me confirmó por escrito que dicho importe incluía el IVA.
La víspera de la instalación, cuando ya tenía otras obras contratadas que dependían de la realización de la misma, se me comunicó un incremento adicional de 108 €, correspondiente precisamente al IVA que previamente se me había asegurado expresamente que ya estaba incluido. Ante mis dudas y mi negativa a aceptar un incremento que no comprendía, se me advirtió que, de no aceptar las nuevas condiciones, la instalación sería cancelada. Encontrándome con otras obras ya comprometidas y con el perjuicio económico y organizativo que ello suponía, me sentí coaccionada a aceptar la subida para evitar males mayores.
Posteriormente, al intentar comprender las diferencias entre las cantidades comunicadas y al no cuadrar los distintos conceptos que se me iban facilitando, solicité en repetidas ocasiones una explicación clara y detallada. Sin embargo, las respuestas obtenidas fueron contradictorias y las explicaciones, inexistentes.
Preocupada por la coacción a la que había sido sometida y por el tono que había adquirido la conversación, intenté elevar el asunto a la dirección y administración de la empresa, confiando en que alguien revisaría objetivamente lo ocurrido y me proporcionaría la aclaración que estaba solicitando. Mis correos fueron ignorados y nunca obtuve respuesta alguna.
Lejos de encontrar una solución, lo único que recibí fueron mensajes cada vez más intimidatorios por parte de la persona con la que había realizado la contratación. Se me comunicó la intención de proceder al desmontaje inminente de la instalación y del calentador recién instalado, se me amenazó con comunicar la situación a la distribuidora para el corte del suministro de gas, así como con acciones legales y reclamaciones por daños y perjuicios.
La forma en que se expresaron estas amenazas me generó una gran preocupación, por el temor a que se intentara acceder a mi vivienda por la fuerza para retirar la instalación, así como la angustia ante la posibilidad de quedarme sin suministro de agua caliente. Todo ello mientras seguía reiterando que mi voluntad era pagar y que únicamente solicitaba una explicación coherente y transparente de las cantidades reclamadas.
La situación llegó a generarme una enorme sensación de indefensión e inseguridad. Después de haber depositado mi confianza en esta empresa y haber intentado resolver el conflicto de forma amistosa y por los cauces internos, me encontré completamente desatendida por la dirección y sometida a una presión constante por parte de la persona con la que había contratado.