Un sector defensivo
Las empresas que se dedican a satisfacer servicios esenciales a la sociedad tienen una base de clientes estable y de largo plazo y por ello pueden presumir de estabilidad y fiabilidad en sus negocios, con una demanda menos condicionada por los vaivenes económicos. Empresas de generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, como Engie, Enel, Endesa, EDP o Iberdrola; compañías de suministro y distribución de gas, como Naturgy; empresas de transporte y distribución de energía, como Red Eléctrica o Enagas; o compañías de suministro y distribución de agua o de tratamiento de residuos como Veolia (que ya absorbió a Suez) o FCC, integran este sector de servicios públicos.
· En un año tan complicado como el 2022 en el que las bolsas europeas se dejaron alrededor del 12%, las acciones del sector europeo de servicios públicos no se libraron de las pérdidas, pero se comportaron relativamente mejor (-9%). Una mejor evolución justificada en parte por los buenos resultados de líderes en el sector, como National Grid, Iberdrola o Enel.
Pero muy regulado
Este sector demanda grandes infraestructuras que las empresas no llevarían a cabo si no contasen con el respaldo de una legislación que las protegiera. Por ello en los servicios públicos, las regulaciones y las decisiones políticas suelen tener mayor peso que en otros sectores. Esta característica precisamente puede convertirse en un arma de doble filo. Por un lado, mitiga la competencia y garantiza una regularidad de ingresos vía concesiones y tarifas con los que recuperar el elevado coste de las fuertes inversiones necesarias.
Pero por otro, ante los altos precios registrados en los últimos meses del gas y la electricidad – que han hecho que la rentabilidad y los beneficios de muchos productores de energía y proveedores de gas se hayan disparado -, las autoridades hayan optado, con el fin de aliviar la factura energética de hogares y empresas, por imponer límites tarifarios o, peor aún, conceptos como los beneficios caídos del cielo (léase nuevos impuestos especiales a las ganancias) que han acabado penalizando las cotizaciones en bolsa de estas compañías.
Qué hacer entonces
El sector de servicios públicos nos parece...
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Las perspectivas para 2023 son bastante buenas. El sector muestra unos sólidos resultados y está bien posicionado para aprovechar la transición energética que se perfila en el horizonte.
· En este contexto, incluir en su cartera algunas utilities como Engie o Iberdrola nos parece una sabia opción (vea las más interesantes en nuestro comparador de acciones).
· Si usted prefiere diversificar su apuesta, hágalo con un ETF como el SPDR MSCI Europe Utilities (IE00BKWQ0P07) o el iShares STOXX Europe 600 Utilities (DE000A0Q4R02), ambos cotizados en el Xetra alemán y disponibles en Banco BiG.
Un sector defensivo
Las empresas que se dedican a satisfacer servicios esenciales a la sociedad tienen una base de clientes estable y de largo plazo y por ello pueden presumir de estabilidad y fiabilidad en sus negocios, con una demanda menos condicionada por los vaivenes económicos. Empresas de generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, como Engie, Enel, Endesa, EDP o Iberdrola; compañías de suministro y distribución de gas, como Naturgy; empresas de transporte y distribución de energía, como Red Eléctrica o Enagas; o compañías de suministro y distribución de agua o de tratamiento de residuos como Veolia (que ya absorbió a Suez) o FCC, integran este sector de servicios públicos.
· En un año tan complicado como el 2022 en el que las bolsas europeas se dejaron alrededor del 12%, las acciones del sector europeo de servicios públicos no se libraron de las pérdidas, pero se comportaron relativamente mejor (-9%). Una mejor evolución justificada en parte por los buenos resultados de líderes en el sector, como National Grid, Iberdrola o Enel.
Pero muy regulado
Este sector demanda grandes infraestructuras que las empresas no llevarían a cabo si no contasen con el respaldo de una legislación que las protegiera. Por ello en los servicios públicos, las regulaciones y las decisiones políticas suelen tener mayor peso que en otros sectores. Esta característica precisamente puede convertirse en un arma de doble filo. Por un lado, mitiga la competencia y garantiza una regularidad de ingresos vía concesiones y tarifas con los que recuperar el elevado coste de las fuertes inversiones necesarias.
Pero por otro, ante los altos precios registrados en los últimos meses del gas y la electricidad – que han hecho que la rentabilidad y los beneficios de muchos productores de energía y proveedores de gas se hayan disparado -, las autoridades hayan optado, con el fin de aliviar la factura energética de hogares y empresas, por imponer límites tarifarios o, peor aún, conceptos como los beneficios caídos del cielo (léase nuevos impuestos especiales a las ganancias) que han acabado penalizando las cotizaciones en bolsa de estas compañías.
Qué hacer entonces
El sector de servicios públicos nos parece sólido financieramente hablando con unos niveles de endeudamiento y estructura del capital bastante conservadores. Además, las perspectivas que abre la transición energética no dejan de ser prometedoras. La Unión Europea es líder en esta transición hacia las energías renovables y la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles. Las empresas de servicios públicos europeas han estado a la vanguardia de esta transición y, en nuestra opinión, deberían seguir siendo la punta de lanza en los próximos años.
· El sector en su conjunto nos parece correctamente valorado. Las empresas de servicios públicos son reputadas por ofrecer dividendos atractivos y estables a sus accionistas: el conjunto del sector europeo ofrece una rentabilidad por dividendo que ronda de media el 4,7% anual.
Valor liquidativo en el momento del análisis:
SPDR MSCI Europe Utilities: 161,40 EUR
iShares STOXX Europe 600 Utilities: 39,84 EUR