Decía Ortega y Gasset que “yo soy yo y mi circunstancia”. En los mercados ocurre algo parecido: una noticia no es buena o mala por sí misma. Lo es según la inversión a la que afecte, el precio al que se haya comprado y el lugar que ocupe dentro de una cartera. Buen ejemplo de ello es la subida de tipos oficiales en un cuarto de punto llevada a cabo por el BCE. La subida es un hecho, pero no afecta de la misma manera a todo el mundo.
Tipos más altos: una oportunidad para el ahorrador prudente
Para el ahorrador, unos tipos más altos mejoran el atractivo de la deuda pública a corto plazo, los depósitos y los fondos monetarios. Si una inversión de bajo riesgo ofrece ya una rentabilidad razonable, cualquier alternativa debe justificar mejor el riesgo adicional. Es el llamado coste de oportunidad.
Para quien invierte en renta fija a más plazo, en cambio, puede ser motivo de preocupación: las nuevas emisiones ofrecerán cupones más altos, pero las obligaciones ya emitidas, pueden caer de precio. Es el efecto de la sensibilidad: cuando suben los tipos, baja el precio de los títulos antiguos (y viceversa); y el efecto es mayor cuanto más alejado esté el vencimiento. Por eso no basta con decir que “la renta fija vuelve a ser atractiva”, sino que dependerá de los cupones, los vencimientos, etc.
Ante tipos más altos, no todas las acciones reaccionan igual
En Bolsa, el efecto también es desigual. A las acciones con una política de dividendos transparente y pago seguro y atractivo les pueden perjudicar unos tipos de interés de la deuda pública más elevados, ya que podría llevar al inversor a decantarse por los títulos del Estado. Es el caso p.ej. de las utilities como Red Eléctrica o Endesa con una rentabilidad por dividendo atractiva del 5,2% y el 4,3% respectivamente.
Mayor prudencia merecen las socimis como Merlin Properties o Colonial, con una rentabilidad por dividendo también atractiva pero que al estar muy endeudadas por la naturaleza del negocio, puede afectarles negativamente una subida de tipos en el momento de financiarse. En las tecnológicas, conviene no generalizar: las empresas jóvenes, que necesitan capital para crecer y aún no generan beneficios sólidos, suelen sufrir más cuando sube el coste de financiarse; las más maduras, con mayor liquidez y márgenes elevados, resisten mejor.
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La cara más amable de esta historia la ponen los bancos. Con unos tipos más altos, pueden defender mejor el margen entre lo que pagan por captar dinero y lo que cobran por prestarlo, siempre que la morosidad permanezca bajo control. Un buen ejemplo es el Santander, que se acaba de coronar como la mayor compañía de la bolsa española. Aun así, un entorno favorable no significa que la acción sea igual de atractiva a cualquier precio.
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Esa es la lección que conviene recordar: en el mundo de las inversiones, las noticias no son buenas o malas, sino que hay que entender cómo encajan en cada cartera. En OCU Inversiones le ayudamos en esta tarea para sacar el máximo provecho a sus ahorros.
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