¿Qué significa prima de esperanza en Bolsa?
Ni esperanza es una persona, ni en esta ocasión queremos hablarles de lazos familiares. Hablamos de otra esperanza: la que, en los mercados, también se paga. En algunas inversiones, el precio puede explicarse razonablemente por los beneficios que generan o que se espera que generen. En otras, en cambio, el precio depende en buena medida de la confianza que despiertan, de la promesa de futuro que representan y del relato que las acompaña. Es lo que podríamos llamar su capital narrativo.
Pensemos en el bitcoin. No genera beneficios, no reparte dividendos y ningún modelo clásico permite calcular con rigor su valor teórico. Sin embargo, en 2019 había inversores dispuestos a pagar unos 6.000 euros por un bitcoin y, apenas cinco años después, otros aceptaban pagar cerca de 100.000 euros. ¿Se había producido una mejora de perspectivas suficiente como para justificar que su precio se multiplicara por más de 16? Evidentemente no, pero sus inversores no compraban una cuenta de resultados, pagaban por una convicción sobre el futuro, por un relato.
El bitcoin no es el único caso difícil de explicar con los ojos de un analista financiero clásico. Cuando SpaceX salió al mercado a 135 dólares por acción, nosotros mismos advertimos de que la valoración era muy exigente. Aun así, recomendamos comprar de forma especulativa. Y razones no nos faltaban: en determinados valores, especialmente cuando combinan liderazgo tecnológico, marca y ambición, el mercado puede estar dispuesto a pagar mucho más que lo que justificarían los beneficios actuales. Y apenas unos días después, la acción cotizaba por encima de los 220 dólares.
Invertir en compañías con una historia tan poderosa como SpaceX puede ser tentador, pero también exige criterio. No basta con dejarse llevar por el entusiasmo del mercado: hay que saber cuándo una valoración es razonable, cuándo una oportunidad es solo especulativa y qué peso debería tener en una cartera prudente.
En OCU Inversiones analizamos este tipo de oportunidades pensando en el pequeño inversor: con independencia, datos y recomendaciones claras. Si quiere saber cuándo comprar, mantener o vender, y cómo proteger su cartera frente a modas, burbujas y valoraciones excesivas, hágase socio y acceda a nuestros consejos de inversión.
¿Qué significa prima de esperanza en Bolsa?
Ni esperanza es una persona, ni en esta ocasión queremos hablarles de lazos familiares. Hablamos de otra esperanza: la que, en los mercados, también se paga. En algunas inversiones, el precio puede explicarse razonablemente por los beneficios que generan o que se espera que generen. En otras, en cambio, el precio depende en buena medida de la confianza que despiertan, de la promesa de futuro que representan y del relato que las acompaña. Es lo que podríamos llamar su capital narrativo.
Pensemos en el bitcoin. No genera beneficios, no reparte dividendos y ningún modelo clásico permite calcular con rigor su valor teórico. Sin embargo, en 2019 había inversores dispuestos a pagar unos 6.000 euros por un bitcoin y, apenas cinco años después, otros aceptaban pagar cerca de 100.000 euros. ¿Se había producido una mejora de perspectivas suficiente como para justificar que su precio se multiplicara por más de 16? Evidentemente no, pero sus inversores no compraban una cuenta de resultados, pagaban por una convicción sobre el futuro, por un relato.
El bitcoin no es el único caso difícil de explicar con los ojos de un analista financiero clásico. Cuando SpaceX salió al mercado a 135 dólares por acción, nosotros mismos advertimos de que la valoración era muy exigente. Aun así, recomendamos comprar de forma especulativa. Y razones no nos faltaban: en determinados valores, especialmente cuando combinan liderazgo tecnológico, marca y ambición, el mercado puede estar dispuesto a pagar mucho más que lo que justificarían los beneficios actuales. Y apenas unos días después, la acción cotizaba por encima de los 220 dólares.
¿Es peligroso invertir en empresas con mucho capital narrativo?
El premio Nobel de Economía Robert Shiller lleva años defendiendo que los mercados no solo descuentan información, sino que también descuentan narrativas. Las historias generan expectativas, atraen capital y terminan influyendo en los precios. Y si la narrativa es muy potente poco importa el precio que llega a pagarse por muy irracional que parezca. El análisis fundamental intenta calcular el valor, la esperanza añade una prima al precio. El primero se pregunta cuánto vale hoy una empresa con los datos disponibles; la segunda imagina cuánto podría llegar a valer si todo sale bien, incluso mucho mejor de lo que hoy somos capaces de proyectar. Naturalmente, el tiempo acaba dictando sentencia. Solo algunas compañías consiguen transformar esa esperanza en beneficios reales. Otras nunca llegan a estar a la altura del relato que las catapultó. Ahí reside el riesgo: cuanto más poderosa es la historia, mayor puede ser también la decepción.
En el caso de SpaceX, el capital narrativo ha sido —y sigue siendo— extraordinario. Pero conviene no olvidar que nuestra recomendación debe leerse exactamente como lo que es: una apuesta especulativa mientras el relato no reduzca su empuje.
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