Cada cierto tiempo, el mercado crea una nueva etiqueta para agrupar a las empresas que concentran el entusiasmo de los inversores. Primero fueron los GAFAM, después los FAANG, más tarde los Siete Magníficos. Ahora empiezan a sonar los MANGOS: Meta, Anthropic, NVIDIA, Google, OpenAI y SpaceX. El mensaje implícito es claro: estas compañías serían las nuevas grandes ganadoras de la revolución de la inteligencia artificial.
Puede leer | Análisis y recomendación de nuestros expertos de estas y otras acciones en nuestro comparador
La idea resulta atractiva. La inteligencia artificial está transformando muchos sectores y algunas de estas empresas ocupan posiciones muy relevantes en chips, modelos de lenguaje, servicios digitales, infraestructuras informáticas o aplicaciones de consumo. No cabe duda de que la IA será uno de los grandes temas de inversión de los próximos años. Pero conviene no confundir una buena historia con una buena inversión. Una empresa puede ser excelente, innovadora y dominante, y aun así estar demasiado cara en Bolsa. Para el inversor particular, el precio pagado es tan importante como la calidad del negocio. Si las expectativas son muy elevadas, cualquier decepción en cuanto a beneficios, márgenes o crecimiento puede traducirse en fuertes caídas de la cotización.
Además, el propio concepto de MANGOS plantea dudas. Algunas de las compañías citadas ni siquiera cotizan en Bolsa, lo que impide al pequeño inversor acceder directamente a ellas. Otras ya forman parte de los grandes índices tecnológicos y acumulan fuertes subidas. También hay debate sobre qué empresas deberían estar dentro o fuera del grupo. ¿Por qué Anthropic y OpenAI, y no Apple? ¿Por qué SpaceX y no Broadcom o Micron? La composición parece responder más a una moda de mercado que a un criterio financiero claro.
Por eso, nuestra postura se decanta por la prudencia. La inteligencia artificial ofrece oportunidades, pero también riesgos de sobrevaloración. La historia bursátil está llena de tecnologías que cambiaron el mundo sin recompensar necesariamente a quienes compraron en plena euforia. Internet fue revolucionario, pero muchos inversores perdieron dinero al entrar tarde y pagar precios excesivos.
El rumbo del pequeño inversor no debería cambiar un ápice: diversificar, analizar las valoraciones y no dejarse llevar por titulares llamativos. Invertir en tecnología puede tener sentido dentro de una cartera equilibrada, pero no conviene concentrar demasiado peso en unas pocas compañías simplemente porque estén de moda. Los MANGOS pueden dar mucho que hablar. Algunas de sus empresas probablemente seguirán creciendo y desempeñarán un papel clave en la economía digital. Pero el inversor no debe comprar acrónimos, sino negocios bien valorados, con beneficios sostenibles y a precios razonables. En Bolsa, el entusiasmo puede ser rentable durante un tiempo, pero la disciplina suele proteger mejor el patrimonio a largo plazo.
También puede interesarle | Descubra la composición de las carteras modelo de OCU Inversiones