Resistir al ruido del mercado
Cuando el crudo sube, las decisiones también se ponen crudas. Para los gobiernos, para las empresas y también para el pequeño inversor, que de pronto recibe mensajes de todo tipo: compre energía, venda tecnología, protéjase, aproveche la caída, pásese a indexados o confíe en el gestor que acaba de brillar. Es normal sentir que hay que hacer algo. Pero esa urgencia suele ser mala consejera: puede llevar a vender por miedo, a comprar lo que ya ha subido demasiado o a cambiar de fondo porque una moda, un vídeo o un ranking parecen tener la respuesta definitiva. Invertir bien, sin embargo, no consiste en reaccionar a cada sobresalto. Consiste, muchas veces, en resistir el ruido. Echar la vista atrás a anteriores crisis puede ayudarnos a mirar lo inmediato con distancia (lea nuestro análisis Cómo sobrevivir a un crac bursátil).
Gestión activa vs. Gestión pasiva: Más allá de los mitos
También sucede los mismo con el debate entre gestión activa y gestión pasiva (lea nuestro análisis Cómo elegir un fondo: ¿Gestión activa o pasiva?). En redes verá afirmaciones tajantes: que la gestión activa es una estafa, que los fondos indexados son imbatibles o que basta elegir al gestor adecuado para superar siempre al mercado. La realidad es menos simple. La gestión pasiva tiene muchas virtudes. En mercados amplios, líquidos y muy analizados, los fondos indexados y los ETF de bajo coste son una herramienta excelente: cobran poco, diversifican mucho y evitan depender del acierto de un gestor concreto. Para el núcleo de muchas carteras, esa sencillez es una gran ventaja. Pero convertir esa idea en una regla universal es un error. No todos los mercados son iguales. En pequeñas compañías, emergentes, globales de acciones o sectores especializados, la gestión activa puede tener más margen para aportar valor. Ahora bien, “puede” no significa “debe”.
La gestión activa debe ganarse su sitio. No basta con que un fondo haya subido mucho el último año, ni con que su gestor sea conocido. Hay que mirar si bate a su categoría con regularidad, cuánto riesgo asume, cuánto cobra y si su cartera es realmente distinta del mercado. Pagar comisiones de gestión activa por un fondo que apenas se separa del índice es una forma cara de invertir pasivamente. Por eso nuestro selector de fondos no pretende adivinar el próximo ganador. Su utilidad está en aplicar método: comparar fondos dentro de categorías homogéneas, revisar su rentabilidad a medio plazo, su regularidad, su riesgo y sus costes (lea nuestro análisis Cómo elegir los mejores fondos de inversión).
Indexarse puede ser una excelente base y los ETF vinculados al uranio que señalamos en nuestro análisis Invertir en uranio: el activo estratégico que impulsa la IA son un buen ejemplo de ello. Pagar por gestión activa también puede tener sentido, pero solo si hay razones objetivas. Y apostar por una temática puede ser rentable, siempre que no se confunda una oportunidad con una certeza. En inversión, la disciplina empieza por no elegir bando. Empieza por elegir con método.