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VIH son las iniciales del Virus de la Inmunodeficiencia Humana. Se trata de un retrovirus, lo que significa que, para reproducirse, necesita convertir su material genético (ARN) en ADN. Y esto lo hace parasitando un tipo de linfocito que hay en nuestro organismo, conocido como CD4 o T4, al que terminará destruyendo. El linfocito T4 tiene un papel vital. Es el responsable de reconocer los diferentes tipos de virus, bacterias, hongos y parásitos invasores y activar el sistema inmune que es el que se encarga de la defensa. La lucha de nuestro organismo contra el VIH es lenta y compleja, pero con el paso del tiempo (pueden transcurrir años) y, salvo que le facilitemos la ayuda con medicamentos externos (los famosos antirretrovirales), lo normal es que pierda la batalla:
Entre 120.000 y 150.000 personas viven con VIH en España. De ellas, casi un tercio aún no lo sabe.
Los datos oficiales, del año 2010, indican que hubo 1.162 casos nuevos de sida, de los cuales el 77% eran varones. Una cifra que supone un descenso del 16% (en hombres) y del 18% (en mujeres) respecto al año anterior, continuando la tendencia descendente iniciada a mediados de los noventa, gracias a la generalización de las actuales terapias combinadas. Son cifras elevadas en relación con otros países de nuestro entorno.
Sin embargo, estas cifras pueden transmitir una sensación engañosa. Una cosa es que disminuyan los casos de sida, debido a la eficacia de los tratamientos, y otra que disminuyan las nuevas transmisiones: lamentablemente el número de nuevas infecciones aumenta año a año. En España, en 2010, se produjeron 2.907 nuevos diagnósticos de infección.
Los datos muestran que existe un predominio de la transmisión por vía sexual (por relaciones heterosexuales u homosexuales): de esta forma se producen la mitad de los nuevos casos. La transmisión sexual del VIH disminuiría en más de un 30% anual si todas las personas infectadas por el VIH conocieran su situación y adoptasen medidas preventivas.
Cursa en varias fases
El virus VIH se transmite a través de:
El VIH no se transmite a través del sudor, la saliva o la picadura de un mosquito, por compartir objetos de uso cotidiano: un vaso, un tenedor...
El hecho de gozar de buena salud no significa que no se haya podido infectar con el virus del sida en el pasado. Una persona infectada con el VIH puede estar absolutamente libre de síntomas durante más de 10 años. Por eso, si duda, hágase la prueba.
Sólo existen garantías de no estar infectados si para ambos se tratase de su primera pareja sexual, o porque ambos hubiesen dado negativo en las pruebas del sida previamente (teniendo en cuenta el periodo ventana). Insistimos: aunque no tenga síntomas de la enfermedad es posible que se hubiese contagiado antes de conocer a su actual pareja.
Sí, si no se practica con protección. Siempre hay riesgo si los fluidos sexuales masculinos (esperma) o femeninos (flujo) se ingieren o entran en contacto con la boca, porque es posible que exista alguna pequeña herida en ella (una llaga, gingivitis...). Recuerde que un pequeño corte o herida en la piel o en las mucosas podría funcionar como una puerta de acceso del VIH al organismo. Eso sí, el riesgo de esta práctica no es ni mucho menos tan elevado como en una penetración no protegida.
Efectivamente. Con el preservativo (masculino o femenino) y, en el sexo oral sobre una mujer, con el cuadrante de látex (o un preservativo abierto con un corte).
Siempre que tenga dudas, hágase la prueba. Hágalo por su propia salud, por la de su pareja y por la de sus futuros hijos (si piensa tenerlos).
Piense que desde que una persona resulta infectada, puede transmitir el virus a otras personas con las que mantengan relaciones sin protección. O si es una mujer y se queda embarazada puede contagiar al bebé. Además, no es lo mismo empezar a tratarse en las primeras etapas de la enfermedad que en las últimas. Los fármacos antirretrovirales son muy efectivos, pero si no empiezan a tomarse antes de que los síntomas se manifiesten, la esperanza de vida se reduce notablemente.
Para hacerse la prueba puede:
Cuando alguien sospechaba que podía haberse infectado por el VIH, especialmente después de haber tenido una práctica sexual de riesgo, tradicionalmente se recomendaba esperar un mínimo de tres meses antes de hacerse la prueba. Ese plazo de espera es lo que se denomina “periodo ventana”: el periodo de tiempo mínimo que asegura que las pruebas van a dar un resultado seguro, sea positivo o negativo.
Hoy día, sin embargo, los estudios científicos han demostrado que esa recomendación no es útil ni práctica. ¿Por qué? Por una parte, porque las pruebas disponibles detectan los anticuerpos cada vez más pronto. Por otra, porque conforme pasa el tiempo desde el momento de la práctica de riesgo, puede disminuir la motivación para hacerse la prueba. Y más en un proceso como es la infección por VIH, en el que el afectado puede estar sin ningún tipo de síntomas durante años.
Los únicos medicamentos efectivos contra el sida son los antirretrovirales.
¿Cómo actúan? No destruyen el VIH, pero evitan que se reproduzca a costa de los linfocitos T4 del organismo, frenando así el desarrollo de la enfermedad, manteniendo activo el sistema inmune del paciente y prolongando su esperanza de vida. De hecho, dependiendo de la persona y de la fase de la enfermedad en la que se encuentre (cuanto más temprana mejor), son capaces de reducir el VIH hasta niveles casi indetectables: lo que se conoce como carga viral 0.
Existen dos tipos fundamentales de antirretrovirales:
Los antirretrovirales tienen numerosos efectos secundarios, como los vómitos, el dolor de cabeza, el insomnio o la lipodistrofia (alteración de la distribución de la grasa en el cuerpo: se pierde en la cara, se acumula en la nuca y el abdomen). Para combatirlos, los pacientes tienen que tomar otros medicamentos, a los que tendrán que añadir aquellos otros dirigidos a combatir las enfermedades oportunistas... En definitiva, un verdadero cóctel farmacológico que, evidentemente, dificulta la posología.
Una mujer embarazada infectada tiene entre un 15% y un 30% de posibilidades de dar a luz un niño con sida (y hasta un 45% si luego le da el pecho). Pero sólo en el caso de que la madre no tome antirretrovirales. De hacerlo, el porcentaje se reduce hasta el 2%.
Los antirretrovirales también reducen el riesgo de infección tras una situación de riesgo. Para ello deben tomarse entre 48 y 72 horas después y durante un periodo de 28 días. Se trata de una actuación excepcional que suele practicarse en personal sanitario en contacto con enfermos de sida. Por ejemplo, al sufrir un pinchazo accidental. Es lo que se denomina “profilaxis postexposición”..
Sea como sea, la esperanza sigue puesta en el desarrollo de una vacuna contra el sida, aunque no se esperan resultados concluyentes hasta dentro de unos años. A día de hoy, parece más probable que se desarrolle antes una vacuna terapéutica (cuyo objetivo es potenciar la respuesta inmunitaria frente al VIH en personas ya infectadas) que una vacuna preventiva.
Hoy en día miles de personas en nuestro país conviven con el sida y viven muchos años llevando una vida absolutamente normal: trabajan, tienen hijos... Aunque no es lo mismo empezar a tratarse en las primeras etapas de la enfermedad que en las últimas.
La calidad de vida en cualquier caso no es óptima, pues se ve muy afectada por los efectos adversos de los medicamentos y la propia infección. Los efectos adversos de los medicamentos y la propia infección inciden sobre ella. La lipodistrofia, alteraciones óseas, metabólicas, del sistema nervioso, y el envejecimiento prematuro son algunas de las patologías que nos encontramos frecuentemente en las personas con VIH. Sin embargo, las mayores dificultades del día a día tienen que ver con un claro y alarmante rechazo social producido por el desconocimiento de la enfermedad. Encontrará más información sobre esto en la entrevista con la representante de CESIDA (OCU-Salud nº 93).