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Cuestión de confianza

hace 4 meses - viernes, 21 de diciembre de 2018
En la sociedad moderna en la que vivimos la palabra descrédito parece irse abriendo camino día a día. El optimismo también decae entre los inversores.

A tenor de lo que reflejan las encuestas, la confianza de los ciudadanos en las instituciones, los partidos políticos, los medios de comunicación, las organizaciones empresariales, los bancos o los sindicatos está en horas bajas. Así lo refleja también el índice de confianza, que elabora OCU Inversiones trimestralmente y que toma el pulso de la opinión de los inversores y la situación financiera de los hogares. Este índice, medido en una escala del 0 a 200, ha marcado en el cuarto trimestre 106, casi un 2% menos que en mismo periodo del año anterior. Una ligera pérdida de optimismo, fruto de un año donde el color rojo ha teñido las bolsas y las palabras volatilidad e incertidumbre han sido una constante en los medios financieros. Con la escasa rentabilidad de los productos de bajo riesgo, los inversores se han visto abocados a buscar rendimientos en los de alto riesgo.

Partiendo de estas premisas, no es de extrañar pues, que la ciudadanía y los inversores estén deseosos de apreciar señales de confianza por doquier. Y es que cuando las dudas se palpan en los mercados los inversores no tardan en batirse en retirada de aquellas entidades que estén en el punto de mira. Es por eso, que noticias como las compras de acciones que realizan los consejeros de algunas empresas en las propias organizaciones que gestionan son un soplo de aire fresco. Sin ir más lejos la semana pasada leíamos en prensa que la sociedad que la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, posee a medias con su hermano Javier había comprado un paquete de 320.000 acciones de la entidad; noticia que hizo repuntar la cotización del banco inmediatamente después. El mismo tipo de confianza se percibe cuando nos referimos a las empresas familiares. De hecho, algunos estudios avalan la creencia de que aquellas compañías, donde los gestores se juegan su propio patrimonio dentro de la empresa tienen un mejor rendimiento a largo plazo.

El hecho de que los gestores internos confíen en lo que se cuece dentro de la casa es desde luego una buena noticia y no podemos negar que acabe teniendo un reflejo positivo en los mercados; pues al fin y al cabo estos son muy sensibles a las percepciones de los inversores. Pero de ahí a que puedan ser una garantía real en la que apoyar su apuesta hay un abismo. La confianza es fundamental en todos los ámbitos a la hora de avanzar con paso firme, sí; pero ésta siempre debe apoyarse en el análisis de los datos, análisis que nos permitirá trazar una estrategia sólida a largo plazo. En definitiva, sin el rigor de ese análisis, este tipo de informaciones no nos harán variar nuestro consejo o perspectivas sobre una determinada empresa o mercado.

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