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El peso del factor emocional

hace 6 días - jueves, 08 de noviembre de 2018
¿Cómo hay que interpretar los nuevos cambios propuestos en nuestras carteras globales?

Cuando le preguntaron a un anciano estadounidense de holgada jubilación cuál había sido la mejor decisión financiera que había tomado en su vida, respondió que fue el haber olvidado su contraseña de Fidelity (la gestora de fondos donde tenía sus fondos de acciones de gestión pasiva). Y aunque habría bastante que objetar a tal afirmación, hay también mucho de verdad. La inversión bursátil con una cartera bien diversificada ha sido, y seguirá siendo, la opción más rentable para aquellos que se plantean un largo plazo, y no se dejan llevar por las emociones a mitad del viaje.

No obstante, a pesar de los buenos resultados cosechados históricamente por la inversión bursátil, son pocos los que hacen un hueco a esta estrategia – no apta para cardíacos – en su patrimonio. Esta inversión no llega al 3% en el patrimonio de las familias españolas, lo que supone renunciar a una gran rentabilidad a largo plazo. Porque invertir en Bolsa no es una operación baladí que pueda hacerse sin ton ni son. Requiere de conocimientos y de los consejos pormenorizados de expertos – como los que intentamos ofrecerle en OCU Inversiones –, que sepan guiarle en un horizonte de inversión a largo plazo. Pero incluso entre los que sí se decantan por las acciones parece existir una sensación de “sufrimiento”, que acompaña su día a día; más especialmente en momentos de fuertes turbulencias, que generan temor en los mercados. Es el llamado “arrepentimiento” del que hablaba el matemático y gestor de hedge funds, Robert Frey, al mostrar en un estudio que en los últimos 180 años la Bolsa estadounidense se ha mantenido un 75% del tiempo en pérdidas desde su anterior máximo. Esto no viene más que a corroborar que en la operativa con acciones el factor tiempo desempeña un papel fundamental, pues los frutos no se recogen de un día para otro. Como importante es también el sentimiento de frustración que lleva al inversor a lamentarse por las ventas no realizadas, cuando una acción cotizaba en máximos, o por las compras no hechas, cuando lo hacía en mínimos. Y es que, a veces, el factor emocional pesa tanto o más que los hechos refutados en el ánimo de los inversores.

Es por eso, que ante tropiezos en las Bolsas o ante la caída de activos con perspectivas interesantes – producidos más bien por sentimientos que por razones reales –, merece la pena ir contra el rebaño y emprender la estrategia de compra con la vista puesta en los frutos a largo plazo. Así pues, siguiendo la caída de algunos mercados, y contrariamente a la salida de muchos inversores, hemos llevado a cabo un ajuste de nuestras carteras modelo para aprovechar las oportunidades. No se sorprenda, por tanto, al ver que damos la bienvenida a mercados emergentes en los que otros inversores retiran su apuesta.

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