Francia: una deuda pública del 119% del PIB que sigue creciendo
Francia tiene delante un problema que todo el mundo ve venir: una deuda cada vez mayor y unos intereses cada vez más altos. Es lo que algunos llaman un “rinoceronte gris”, un peligro enorme, visible y conocido al que, sin embargo, tendemos a no prestar demasiada atención porque confiamos en que alguien lo resolverá antes de que llegue hasta nosotros. Lo de los galos no es precisamente nuevo.
La segunda economía de la eurozona lleva décadas acumulando déficits y deuda, pero durante muchos años pudo hacerlo con tipos de interés muy bajos. Tanto que, en 2020, sus obligaciones llegaron a ofrecer rentabilidades negativas. Endeudarse salía muy barato y eso permitía aplazar las decisiones difíciles. Ahora ese escenario ha cambiado. La deuda pública ronda el 119 % del PIB. Francia tiene que pagar cada vez más para financiarse y, a medida que vencen las antiguas obligaciones, sustituirlas por otras más caras. No ocurre de golpe, y quizá por eso resulta tan fácil acostumbrarse. El rinoceronte sigue avanzando.
¿Existe riesgo de impago de la deuda francesa?
¿Significa esto que estamos ante una nueva Grecia 2010? No lo creemos. Francia tiene un problema serio con sus cuentas públicas, pero eso no quiere decir que haya aparecido de repente un déficit oculto, como ocurrió en Atenas, ni que París esté al borde del impago. No es nuestro escenario. Ahora bien, tampoco conviene mirar hacia otro lado. Si la factura de los intereses sigue creciendo y Francia no quiere o no puede contener su déficit, el problema puede agravarse y extender la presión sobre los tipos de interés de otros países como Italia o España.
La cuestión, por tanto, no es solo si Francia tiene problemas. Los tiene. Lo importante es saber si la rentabilidad que ofrece compensa ese riesgo, o si convine esperar a que pague todavía más. En 2012 las obligaciones españolas a 10 años llegaron a rondar el 7,5% antes de que el BCE calmara los mercados con su promesa de hacer lo necesario para preservar el euro.
¿Interesa invertir ahora en deuda pública francesa?
Y aquí aparece la paradoja para el inversor. Que un país tenga que pagar más intereses es una mala noticia para ese Estado, pero no necesariamente para quien compra hoy su deuda. Quien adquiera ahora un título francés y pueda mantenerlo hasta vencimiento, parte de una rentabilidad bastante atractiva cercana al 4,2% a 5 años y cerca del 5% a 10. Si después los tipos siguen subiendo, su precio caerá, pero quien no necesite vender podrá mantener la rentabilidad prevista al comprarla. Salvo un escenario extremo de impago o reestructuración, seguirá cobrando los intereses pactados y recuperará el capital al vencimiento.
Por eso no creemos que la respuesta sea salir corriendo de la deuda, pero tampoco comportarse como si nada ocurriera. Francia paga más porque genera más dudas, y eso obliga a valorar con cuidado la relación entre rentabilidad y riesgo. No hace falta huir del rinoceronte. Pero tampoco conviene darle la espalda.
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