Una cuenta de inversión con ventajas fiscales
De tapadillo, dentro del llamado «Decreto Mari Carmen», se coló una medida que llevábamos tiempo esperando quienes defendemos los intereses del pequeño inversor: la Cuenta de Ahorro e Inversión Financia Europa. La idea de fondo era buena, pero finalmente el decreto no ha sido aprobado por el Parlamento y por ahora no sale adelante.
Christine Lagarde lo había resumido hablando del «ahorro perezoso» de los europeos. Y se hacía con un incentivo potente: la fiscalidad. Dentro de la cuenta se podían comprar y vender determinados activos sin pagar inmediatamente por las plusvalías obtenidas. El dinero podía reinvertirse íntegramente y Hacienda esperaba hasta que saliese de la cuenta.
Nos parecía una mejora sensata. Si un pequeño inversor reorganiza su cartera pensando en el largo plazo, no tiene demasiado sentido obligarle a pasar por Hacienda cada vez que sustituye una inversión por otra. Las inversiones mantenidas durante más de cinco años podían beneficiarse de una exención sobre las ganancias: del 100% hasta los primeros 10.000 euros acumulados por contribuyente y del 20% a partir de esa cifra, siempre que se cumplan los requisitos establecidos.
La Cuenta Financia Europa no sale adelante por ahora
Con el adelanto electoral al 29 de noviembre, habrá que esperar para saber si el proyecto se retoma y en qué términos. Valorábamos positivamente que no obligara a canalizar el ahorro hacia deuda pública. Nos convencía menos, en cambio, la escasa cuantía de las ventajas fiscales: parece un incentivo demasiado limitado si de verdad se quiere movilizar el dinero que los ahorradores acunan en sus depósitos.
Ahora bien, no conviene confundir una ventaja fiscal con una buena estrategia de inversión. La cuenta limita las inversiones a determinados productos europeos. No podíamos utilizarla, por ejemplo, para comprar directamente acciones estadounidenses y tampoco entraban todos los fondos y ETF existentes. Y ahí estaba el principal riesgo: la fiscalidad nunca debería decidir nuestra cartera. Europa merece un lugar en una cartera bien construida, pero no necesariamente todo el protagonismo. Renunciar a Estados Unidos, Asia o los mercados emergentes solo para ahorrar impuestos sería un mal negocio. Tampoco los dividendos disfrutaban del mismo diferimiento y habrá que vigilar muy de cerca las comisiones y la calidad de los productos que ofrezcan bancos y plataformas. Porque conocemos demasiado bien cómo una buena ventaja fiscal puede acabar absorbida por gastos elevados o por una oferta mediocre.
La idea merece una oportunidad. Pero cuando estas cuentas empiecen a comercializarse, no miraremos solo el regalo fiscal. Miraremos, sobre todo, qué podemos comprar dentro, cuánto nos cobran y si realmente ayudan al pequeño inversor a construir una cartera mejor.
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