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La Fed de Warsh: quo vadis

La Reserva Federal baja los tipos de interés.

¿Hacia dónde se dirige la política monetaria de la Reserva Federal?

Publicado el  09 febrero 2026
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La Reserva Federal baja los tipos de interés.

¿Hacia dónde se dirige la política monetaria de la Reserva Federal?

Analizamos las consecuencias y los riesgos de la próxima llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal.

La próxima llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal, anunciada por Donald Trump, marca un giro relevante en la política monetaria estadounidense. Aunque para muchos Warsh sigue siendo el exgobernador que, en plena crisis de 2007-2008, se centraba sobre todo en contener la inflación y proteger la credibilidad del banco central estadounidense, el programa que plantea ahora es mucho más ambicioso y, en algunos aspectos, rupturista.

Warsh parte de una idea clara: los avances tecnológicos y la inteligencia artificial deberían generar fuertes ganancias de productividad en los próximos años. Estas mejoras, según él, permitirán que la economía crezca sin generar presiones inflacionistas relevantes, lo que haría innecesario mantener unos tipos elevados. Por eso propone que la Reserva Federal (Fed) revise sus “dogmas”, reduzca los tipos de interés y también el tamaño de su balance, orientando su política hacia el apoyo directo a emprendedores y empresas, y no al Estado federal. Se trata por tanto de una visión que encaja perfectamente con el discurso económico del partido republicano de limitar el peso del Estado y rebajar impuestos.

En su análisis, Warsh defiende que la potencia tecnológica de EE.UU. no es casual: combina espíritu emprendedor, abundancia de capital e innovación constante. Cree que el papel de la Fed debe ser estimular ese ecosistema, facilitando crédito barato y reduciendo el marco regulador, al que considera demasiado restrictivo desde las reformas de Basilea. Su objetivo declarado es atraer más negocio financiero a EE. UU. y acelerar el crecimiento económico. Un mensaje que agrada a la Casa Blanca de Trump y que, a corto plazo, también gusta a los mercados financieros. 

Pero este planteamiento y sobre todo las inequívocas presiones de Trump al respecto abren un debate de fondo: la independencia de los bancos centrales. La Reserva Federal nació precisamente para actuar al margen de presiones políticas, especialmente porque la política monetaria requiere decisiones técnicas que deben mirar al largo plazo, no al ciclo electoral. Un banco central presionado por un gobierno corre el riesgo de tomar decisiones que favorezcan el crecimiento inmediato o los intereses partidistas, pero que comprometan la estabilidad futura.

La historia demuestra que cuando la política invade la política monetaria, los costes suelen ser altos: inflación descontrolada, burbujas financieras o pérdida de credibilidad internacional. La Fed, por su influencia global, puede ser flexible, innovadora y adaptarse al avance tecnológico, pero debe hacerlo sin convertirse en una herramienta política. La competitividad de un país no se construye solo con crédito barato, sino con instituciones sólidas fiables y respetadas. Y, para eso, la independencia del banco central no es un lujo, sino una garantía imprescindible.

 

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