El petróleo, maduro
¿Qué busca Trump con la operación militar en Venezuela?
¿Qué busca Trump con la operación militar en Venezuela?
Cuando el mundo ha peleado por riqueza casi siempre ha terminado peleando por algo que se extrae del suelo. Si en otros tiempos fueron la plata y las especias, hoy el petróleo está en el centro del damero. Un centro en el que se ha colocado Venezuela, tras la operación estadounidense del 3 de enero que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Nueva York para afrontar cargos por narcotráfico. Si la Casa Blanca ha decidido derribar al chavismo, no lo hace por altruismo democrático, lo hace por estrategia. Trump persigue crear las condiciones que a medio plazo contengan el precio de la energía.
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En clave de Trump, Venezuela encaja como la America First 2.0. Ya no basta con blindar el mercado interior; ahora busca asegurarse ventajas duraderas. E influir sobre el mayor reservorio de crudo del planeta, las de la faja del Orinoco, le permite crear fricciones ante los otrora consensos de la OPEP+ enviando un aviso a quien desafíe la primacía de EE. UU. en el continente. La derivada china es clara: Pekín financió campos, refinerías y compras de crudo; perder esa palanca en América limita su margen. Ahora bien, ¿cómo se han tomado los mercados la situación en Venezuela? Lo más llamativo ha sido la calma. Ni el precio del barril ni Wall Street apenas reaccionaron. Una calma que no es indiferencia, sino el reconocimiento de que el impacto económico será lento, incierto y no determinante.
Para el sector petrolero venezolano, a corto plazo domina el riesgo: inestabilidad, sabotajes, sanciones y cuellos de botella en PDVSA, la empresa estatal venezolana, pueden recortar oferta y elevar volatilidad. A medio plazo, si se abre el país a capital y tecnología, Venezuela podría aumentar producción, poniendo techo al crudo. Eso favorece a consumidores, aerolíneas y sectores intensivos en energía, pero presiona márgenes de productores de mayor coste y de balances débiles. Para las petroleras, el negocio mejora, pero la política manda. También complica la estrategia de la OPEP+ y añade incertidumbre a los ingresos de Rusia, mientras Cuba pierde el suministro subvencionado.
El impacto económico potencial para EE. UU. es menos vistoso, modelar un mercado petrolero supone a medio plazo reducir presiones inflacionistas, y quitar argumentos a los más críticos de la FED para no bajar tipos. Y con un crédito más barato el consumo gana fuelle. En año de elecciones, eso es munición política. La Casa Blanca está sentando las bases para una nueva era de crecimiento y, si todo sale según lo previsto, no cabe duda de que las empresas yanquis y su bolsa se beneficiarán de ello a largo plazo. En este momento, el equilibrio de fuerzas es tal que resulta difícil apostar en contra de Estados Unidos. A pesar de que, a nuestro juicio, la bolsa yanqui está algo cara, y de las cuestiones éticas que plantea esta nueva estrategia, mantenemos nuestras apuestas en este país.
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