La coyuntura se complica…
La situación económica mundial se está deteriorando claramente. A principios de año, la demanda repuntó con el levantamiento de las restricciones relacionadas con la pandemia. Sin embargo, la guerra en Ucrania concitó muy pronto todas las miradas, al disparar los precios de la energía y exacerbar aún más una inflación instalada ya en máximos históricos. La pérdida de poder adquisitivo consiguiente pondrá las cosas aún más difíciles en el segundo semestre, sobre todo en Europa.
· Al otro lado del charco, el conflicto ucraniano tiene poco impacto y los tres países norteamericanos (Estados Unidos, Canadá y México) son autosuficientes en materia de energía. La economía estadounidense es muy flexible y competitiva, y suele beneficiarse de este dinamismo.
· Con un objetivo de crecimiento del 5,5% para 2022, Pekín hace todo lo necesario para estimular la economía (bajada de impuestos, ayudas e incentivos fiscales, inversión industrial, bajada de tipos de interés, etc.). Es cierto que el crecimiento chino no recuperará su brío de antaño, pero se mantendrá en niveles atractivos.
· En el resto del mundo, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) y la mayoría de emergentes se centran en mantener el suministro de bienes esenciales. Algunos como Indonesia están incluso bien situados para beneficiarse del conflicto, disparando sus exportaciones e inversiones. Su principal amenaza es la subida de tipos estadounidenses (referencia de las finanzas mundiales) que afecta a sus balanzas, de ahí que monedas como el real brasileño y la lira turca han vivido turbulencias en las últimas semanas.
… pero ¿habrá recesión?
No parece sencillo escapar a una recesión, sobre todo en zonas como Europa, especialmente castigadas por el conflicto ucraniano. De hecho, las estimaciones de crecimiento de la economía mundial se han ido rebajando poco a poco en los últimos meses y las bolsas mundiales ya lo reflejan al ceder un 11,6% en lo que va de año. Eso sí, de producirse una recesión, no creemos que se mantenga en el largo plazo. Apostar por la economía a nivel global con vistas al largo plazo nos sigue pareciendo una estrategia acertada. Ahora bien, ¿es acertado abordarla con la gestión pasiva o mejor optar por una gestión activa que intente batir la marcha de las bolsas mundiales?
Gestión activa y también pasiva
La cuestión no es elegir entre un tipo de gestión y otro. Se trata de sacar tajada de lo mejor de ambas. Para lograrlo, tiene al alcance el Beka Optima Global (ES0114289004), con el que contará con lo mejor de los dos mundos. Este fondo de acciones globales combina una parte de su cartera (alrededor de un tercio) de forma muy similar a la distribución de la cartera Experto: con acciones con un elevado potencial de revalorización. Los dos tercios restantes de su patrimonio está invertido en una cuidada selección de ETF, lo que le convierte en el instrumento ideal para los que quieran invertir su dinero de forma diversificada en la economía mundial real y no tanto en los índices bursátiles. Dicho de otra manera, realizará con su dinero una gran diversificación geográfica y de compañías (alrededor de unas 5.300 entre todas las que invierten los ETF y las acciones en las que invierte directamente el fondo), a bajo coste (en torno al 1,3% anual) y en condiciones ventajosas por ser socio de OCU y contratarlo en el Supermercado de Fondos OCU (914 890 888).
Valor liquidativo del Beka Optima Globa en el momento del análisis: 107,56 EUR