Dificultades en el horizonte
Si bien las instituciones brasileñas han salido reforzadas tras el ataque de los seguidores de Bolsonaro, el presidente Lula da Silva no lo tendrá fácil. A su llegada al poder hace 20 años el crecimiento chino, que rondaba el 10%, empujó la demanda y disparó el precio de las materias primas, de las que es uno de los principales productores.
Para acceder al contenido completo haga clic en el botón siguiente.
Dificultades en el horizonte
Si bien las instituciones brasileñas han salido reforzadas tras el ataque de los seguidores de Bolsonaro, el presidente Lula da Silva no lo tendrá fácil. A su llegada al poder hace 20 años el crecimiento chino, que rondaba el 10%, empujó la demanda y disparó el precio de las materias primas, de las que es uno de los principales productores. Ello atrajo capital que fomentó la inversión y el empleo, engrosando las arcas públicas. Algo que Lula aprovechó para ayudar a las familias más pobres para impulsar la demanda de los hogares. El resultado: entre 2004 y 2008 la tasa media de crecimiento de Brasil superó el 4,8%, un nivel que el país rara vez ha vuelto a alcanzar.
• Ahora la carga de la deuda pública (cercana al 80% del PIB) limita el margen de maniobra del Estado. Y mientras Lula habla de renunciar a los ingresos que podrían proporcionar privatizaciones de empresas públicas como la de Petrobas, no cede en su pretensión de aumentar el gasto e inversión del Estado, lo que podría agrandar la deuda pública y el déficit. Una política que obligará a su banco central a seguir siendo restrictivo. En 2022 este subió varias veces los tipos hasta el 13,75%, consiguiendo estabilizar el real. Pero si Lula profundiza más en la deuda, su banco central tendrá que seguir actuando con mano dura: el encarecimiento del crédito acabará con gran parte de los esfuerzos de estímulo fiscal y presupuestario.
Un rayo de esperanza
Para este año esperamos que la economía brasileña crezca por debajo del 1%. Pero hay espacio para la esperanza: los precios de las materias primas siguen altos (la mayoría de sus exportaciones son recursos naturales y productos agrícolas como el mineral de hierro, soja, derivados del petróleo, azúcar, carne…) y la inversión en estos sectores debería seguir siendo elevada, lo que apoyaría al real brasileño; también beneficiado por la credibilidad de su banco central y el aprecio de los inversores.
• Si bien nos mantenemos alejados de su bolsa por el momento – está barata, pero muchas de sus empresas están fuertemente vinculadas al mercado nacional –, no pasa lo mismo con las obligaciones. Y es que mientras la inflación roza el 5,8%, las obligaciones a 10 años rentan en torno al 12,8% y los bonos a 1 año el 13,5%. Ello supone un rendimiento real entre el 7% anual (a largo plazo) y el 7,7% (a corto) – algo poco frecuente en estos tiempos –; lo cual nos lleva a elevar del 5 al 10% la apuesta por la renta fija brasileña en nuestra Cartera Global Flexible. Y dado que la curva de tipos está invertida, lo haríamos con bonos a corto plazo que rentan incluso más que las obligaciones a largo.
Consulte los cambios de la Cartera Global Flexible